El PSOE asiste, sin aparente capacidad de reacción, a un ciclo electoral que se presumía adverso, pero que está impactando con más severidad de la prevista en la base electoral socialista. En dos citas consecutivas con las urnas, se han marcado dos suelos históricos, los peores resultados en democracia. Extremadura abrió la espita y Aragón ha consolidado una tendencia que volverá a testarse en apenas un mes en Castilla y León y semanas después en un caladero especialmente simbólico: Andalucía. El partido se debate entre la frustración y la resignación, después de registrar otra contundente derrota, por no tener las herramientas para poner freno a la sangría de votos. La situación es profundamente grave, pero lo que genera mayor preocupación...
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