Diré directamente que es una excelente exposición, clara y sencilla, ortodoxa, perfectamente montada, útil y didáctica, y muy recomendable por tanto para todo tipo de público (no hace falta 'entender de' arte contemporáneo; esto es Historia, no teoría). Lo cual no es poco, y es de agradecer en un momento en el que la figura del curador se dispone –ella también– a implosionar. Fundamentalmente porque las incesantes 'relecturas', cada vez más arbitrarias cuando no disparatadas, de la Historia y el presente del arte se llevan a cabo, en aras de la originalidad, poniendo en relación el trabajo de los artistas con temáticas –la ciencia, la naturaleza, la sociología…– de las que el curador lo ignora todo. Así, nada más entrar...
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