¿Es facha el día de San Valentin?
En vísperas del 14 de febrero, Día de los Enamorados, hay una inquietante pregunta que sobrevuela el ambiente y que, incluso, roba el sueño de a los que antes le han robado el corazón: ¿San Valentín es facha? O sea, ¿celebrar el Día de los Enamorados te sitúa en el lado incorrecto de la Historia? Y es que, por si no se han dado cuenta, el festejo anual en torno al santo mártir romano reúne tres características que, si reparamos en ellas revisionando la efeméride desde una perspectiva crítica, contemporánea y progresista, nos cambiará radicalmente el concepto que tenemos de una celebración a priori inofensiva, cándida y, si se quiere, hasta feliz.
A saber, la triada facha que compone San Valentín: 1. Celebra el amor romántico perpetuando un estereotipo patriarcal, machista y cosificador. 2. Es un invento (turbo)capitalista –¡como la Navidad!– que a nuestro país trajo Galerías Preciados en 1948. Y 3. Rinde tributo a un mártir católico... Es decir: religión, capitalismo y machismo. ¡Tres en uno! Como para, después de reflexionarlo, no imaginarse a Cupido disparando las flechas de la Falange en vez de las del amor.
Así, este año, al caer la festividad en sábado, las parejas fachas que celebren esta cosa franquista –o sea, todas–, podrán pasar la noche para su rebozo en un coqueto hotel frente al «glorioso» y «resistente» Alcázar de Toledo. Otro plan es ir de excursión a Cuelgamuros –escuchando en el Suv diésel un disco de Julio Iglesias– y sellar su amor símbolicamente colgando un candado frente a la «magna» obra de Francisco Franco. ¿Y por qué no, de paso, regalarle a tu enamorada o enamorado el último libro de Soto Ivars, o iros a Ávila a comer un chuletón que no se lo salta el más facha?
«No es facha, es hortera»
Este «facha» que escribe lo tiene muy claro, pero por si las moscas, he recabado algunas opiniones sobre si celebrar San Valentín es hacer apología del fascismo. Así, Ángela Vallvey considera que «Las Sanvalentonadas son el último refugio para los fachas con conjuntivitis que aún se creen que el amor es ciego porque han visto en un documental cómo mira Melania a Trump…»; mientras que Carlos Rodríguez Braun es de la opinión de que «Ni es facha ni es progre. Porque los fascistas y la izquierda, supuestamente incompatibles, van de la mano en su recelo a la libertad. Y los regalos son voluntarios, como el amor. Tanto fachas como progres, en cambio, aman el poder, y aborrecen por tanto a San Valentín, que es un santo liberal. Y, encima, cariñoso.»
«Es cursi, ñoño, teledirigido, comercial, ajeno al amor. Lo ridículo no tiene ideología», dice Elisa Beni al respecto. En la misma línea, Charo Lagares lo considera hortera e impostado: «A mí me regalan unos bombones o unas rosas, o llego a mi casa y me han preparado una-cenita-romántica, y finjo un ictus», asegura. Asimismo, Jorge Freire nos ilustra al respecto: «En realidad, a lo que remite el actual San Valentín no es al santo ni a los romanos, sino a las cartulinas de Hallmark. No es una fiesta facha, sino una fiesta hortera del santoral capitalista. Ahora bien, si nuestros jovencitos son felices por un día con sus cajas de bombones y sus corazoncitos de cartón troquelados en serie, dejémosles disfrutar del invento.»
