Sólo hablé con él una vez, así que no puedo decir que lo conocí, pero fue suficiente para darme cuenta de lo entrañable y sabio que era don Miguel León-Portilla. Un día del verano de 2003 iba rumbo al comedor del Palacio de la Magdalena, en Santander (España), y vi bajar por la escalera principal a un señor bajito y cachetón, de aspecto muy afable. Soy miope y medio distraído, pero no tardé en darme cuenta de que era don Miguel, el de la Visión de los vencidos. Hacía poco que había leído ese libro que, a excepción de su excelente estudio introductorio, me había parecido un poco complicado (cosas de muchachillo rústico, nada más). Lamenté no llevar conmigo un ejemplar para pedirle que me lo firmara, pero de todas formas me acerqué a saludarlo. A él le agradó encontrarse a un compatriota en una universidad, la Menéndez Pelayo, donde no abundaban los mexicanos (ni enseñando ni estudiando). El hombre que fue uno de los más destacados estudiosos del pasado prehispánico estaba ahí, cómo no, dictando un curso sobre Mesoamérica. “Si un día quieres venir de oyente, serás bienvenido”, me dijo. Pero daba la casualidad de que el curso al que yo asistía era en el mismo horario que el suyo. Hablamos, entre otras cosas, sobre el graciosísimo e irreverente doctor Jaime Litvak King, el primer director del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM (y “vaca sagrada” en su disciplina), donde estaba la pequeña redacción del periódico Humanidades, en el que yo empecé a enfrentarme a esto de la escribidera, en una atmósfera dominada por la picardía de Litvak, quien, junto a Pedro Bosch, Juan Comas, Santiago Genovés y el propio León-Portilla marcaron la directriz del estudio de nuestra historia precolombina.El próximo 22 de febrero, don Miguel habría cumplido 100 años. Lo más probable es que sin sus estudios y su esfuerzo divulgativo, la cultura y la lengua nahua no habrían tenido la resonancia internacional que tiene hoy en día. Además, con sus importantes aportaciones en la interpretación del pensamiento filosófico del mundo indígena (“los habitantes de los pueblos originarios no eran unos ignorantes y salvajes, tenían su propia visión del mundo”), así como con sus traducciones y ediciones de varios textos del náhuatl, resaltó el punto de vista autóctono de la Conquista de México y siempre fue un defensor de la diversidad étnica y lingüística de nuestro país. Pero si una de sus acciones tuvo una total trascendencia internacional, fue la dejar de referirse al “descubrimiento de América”, para empezar a hablar del “encuentro de dos mundos”. Con ello rompió la añeja visión eurocentrista y catapultó la contemporánea equidad del acontecimiento histórico. Al respecto, desde 1992, el debate no ha parado pero se ha enriquecido en argumentos. Para celebrar el centenario del historiador se llevarán a cabo conferencias, reediciones de sus textos, un magno homenaje en el Palacio de Bellas Artes y la publicación de Soy memoria, el libro de sus remembranzas que continuó escribiendo (aunque fuera dictando, debido a las serias afectaciones de sus ojos) casi hasta el mismo día de su muerte, el primero de octubre de 2019. La revisión del manuscrito ha estado a cargo de su viuda, la filóloga Ascensión Hernández Triviño, quien ya ha revelado varios detalles de la obra: la infancia de su marido estuvo llena de afecto y cariño, sus primeros estudios, en la Compañía de Jesús, y su educación universitaria, en la UNAM, transcurrieron entre el entusiasmo y las iniciativas para formar a los historiadores contemporáneos en instituciones sólidas. Hay capítulos dedicados a Ángel María Garibay, su gran amigo y maestro, con quien se reunía cada 15 días para conversar y tomar el té. También le dedica espacio a Manuel Gamio, de quien también fue discípulo (y sobrino), así como a la organización del célebre quinto centenario del “encuentro de dos mundos”.Dice Ascensión Hernández que su compañero de vida no escribió sobre asuntos políticos (ni se involucró en ellos), pero que sí estaba interesado en el rumbo que tomaba su tiempo. Sabemos mucho de la trayectoria y la obra de don Miguel, pero de esto último no tanto. Habrá que ver, entonces, si en sus memorias habla de los políticos que se acercaron a él y de su perspectiva sobre los acontecimientos políticos, sociales y culturales que le tocó atravesar. Esa es la parte que más me interesa leer.AQ / MCB