El arranque de
2026 está dejando un reguero de persianas bajadas en
Barcelona. Comercios de toda la vida, arraigados en barrios como Gràcia y Horta, dicen adiós tras décadas de actividad. A la preocupación vecinal se suma la sensación de pérdida patrimonial, al
desaparecer establecimientos que formaban parte de la identidad cotidiana de la ciudad.
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