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Suelos que capturan carbono y frenan el greenwhasing

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Abc.es 
La agricultura regenerativa vive un momento de auge. Cada vez más marcas la incorporan a su discurso y más etiquetas prometen productos «regenerativos» en lineales y mercados. Sin embargo, hasta ahora no existía una definición consensuada ni unos criterios básicos que permitieran distinguir entre una práctica real y una estrategia de marketing. Esa ambigüedad ha abierto la puerta al greenwashing. Para poner orden, el CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales) y la Asociación de Agricultura Regenerativa Ibérica han presentado un documento de referencia que establece diez criterios básicos que definen qué es —y qué no es— agricultura regenerativa. El texto, fruto del proyecto REGEN, ha sido consensuado mediante un proceso participativo en el que han intervenido cerca de 200 productores, técnicos y científicos de toda la península ibérica. El anuncio coincide con la publicación de los resultados finales del proyecto RegeneraCat, liderado por el CREAF, que por primera vez compara fincas regenerativas de Catalunya con explotaciones convencionales equivalentes. Los datos aportan argumentos científicos a un modelo que, hasta ahora, había sido defendido sobre todo por agricultores y divulgadores. La falta de certificación oficial de la agricultura regenerativa había generado un vacío normativo. «Empresas y otros actores se han apropiado del término como herramienta de greenwashing, sin el aval de la comunidad científica ni de la mayoría de productores regenerativos», advierten los impulsores del documento. El nuevo marco establece diez ejes vertebradores que deben adaptarse a cada tipo de cultivo o producción. En el centro de todos ellos está el cuidado del suelo, entendido como un ecosistema vivo y no como un simple soporte físico. Entre los principios acordados destacan evitar el laboreo intensivo —para preservar la estructura del suelo, que puede tardar años en formarse—, mantenerlo cubierto el mayor tiempo posible mediante restos de poda o cubiertas vegetales, e integrar el pastoreo dirigido con movimientos diarios del ganado para favorecer la fertilización natural a través de excrementos y pisoteo controlado. El documento también incorpora objetivos como gestionar la finca desde una perspectiva agroecológica, reducir el uso de agua, minimizar residuos y reforzar la autonomía del sistema productivo. Pero introduce, además, un pilar social explícito: la agricultura regenerativa no puede desligarse de la salud del territorio y de las personas. Se promueven circuitos cortos de comercialización, intercambio de conocimiento entre productores y una implicación activa de los consumidores. Ana Digón, presidenta de la Asociación de Agricultura Regenerativa Ibérica, explica que el proceso parte de un trabajo previo de definición elaborado en 2022 por 50 representantes del colectivo practicante. A través del proyecto REGEN se impulsó un nuevo proceso participativo, con seis debates regionales celebrados en fincas de Andalucía, Comunitat Valenciana, Galicia, Castilla y León y Catalunya, culminando en un encuentro final en el festival REVIVE de Manresa. Los criterios no son genéricos. Se han desarrollado versiones específicas para seis grandes ámbitos productivos: olivar; cítricos y frutales; viticultura; huerta; cultivos herbáceos; y ganadería de vacuno. La intención es ampliarlos a más producciones en el futuro. Para Javier Retana, investigador del CREAF y catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona, el diálogo entre ciencia y sector agrícola es imprescindible: «El futuro de nuestra alimentación depende de ello». Más allá del marco conceptual, los resultados científicos de RegeneraCat aportan cifras concretas. Durante dos años, el equipo ha comparado parcelas regenerativas y convencionales en cuatro fincas catalanas: viñedos de Familia Torres, huerta de Verdcamp Fruits, frutales de Pomona Fruits y ganadería de vacuno de Planeses. En varios casos, las explotaciones ya contaban con certificación ecológica, pero decidieron dar un paso más incorporando prácticas regenerativas. Uno de los hallazgos más relevantes tiene que ver con la calidad nutricional de los alimentos. Según Dolores Raigón, investigadora de la Universitat Politècnica de València y experta en análisis nutricional, existen pocos estudios que hayan evaluado la densidad nutricional de productos regenerativos. En las calabazas de Verdcamp Fruits se detectó un mayor contenido mineral y más sustancias antioxidantes, además de mayor concentración de compuestos responsables del sabor dulce. Las peras de Pomona Fruits presentaron un mejor equilibrio entre ácidos y azúcares totales —ni excesivamente dulces ni demasiado ácidas—, así como un contenido superior en polifenoles y el doble de capacidad antioxidante respecto a las convencionales. En el ámbito ganadero, la leche de las vacas de Planeses mostró un índice aterogénico claramente más bajo, lo que indica menor presencia de ácidos grasos asociados a la formación de placas en las arterias. El yogur elaborado con esta leche presentó índices aterogénicos y trombogénicos también inferiores, asociados a un perfil lipídico más saludable y menor riesgo cardiovascular. Si los alimentos ofrecen mejoras medibles, el suelo es donde se concentran algunos de los cambios más significativos. En las parcelas regenerativas de Verdcamp Fruits y Pomona Fruits se registró una concentración de carbono en el suelo al menos un 35% superior respecto a las convencionales. La cifra no es menor. Según estimaciones científicas, aumentar anualmente un 0,4% la retención de carbono en todos los suelos agrícolas y forestales podría compensar la totalidad de las emisiones actuales de gases de efecto invernadero. También se detectó una capacidad de retención de agua al menos un 9% mayor en las parcelas regenerativas. Esto implica mayor absorción en caso de lluvias intensas y más reservas hídricas en periodos de sequía, un factor clave en el contexto de crisis climática en la cuenca mediterránea. El microclima del suelo también se beneficia. Las mediciones muestran que las prácticas regenerativas pueden amortiguar hasta 3,6 grados las temperaturas máximas del suelo en verano, ayudando a mantener la humedad y a reducir el estrés térmico de cultivos y microorganismos. En términos biológicos, la biodiversidad del suelo aumenta: más bacterias, hongos y microartrópodos. Algunas especies detectadas son bioindicadores de buena calidad ecosistémica, y otras, como Metarhizium sp., son utilizadas comercialmente como biopesticidas naturales. Uno de los argumentos más habituales contra la agricultura regenerativa es que podría reducir la productividad. Los datos de RegeneraCat matizan esta percepción. Según Javier Retana, tras un periodo de transición y recuperación de la salud del suelo, las parcelas regenerativas pueden producir la misma cantidad de alimentos que las convencionales y hacerlo con un coste similar o incluso inferior. La clave está en el tiempo: los primeros años pueden requerir ajustes, pero a largo plazo el sistema se estabiliza y gana resiliencia. El estudio reconoce que todavía hacen falta datos a mayor escala y con más tipos de cultivo, pero el balance global es «muy esperanzador». El proyecto RegeneraCat ha sido financiado por la AGAUR a través del programa Clima, con recursos procedentes del Fons Climàtic del Departament de Territori, Habitatge i Transició Ecològica, nutrido en parte por el impuesto sobre emisiones de CO₂ de vehículos y por gravámenes a instalaciones con impacto ambiental. La publicación de los diez criterios y de los resultados científicos marca un punto de inflexión. Por primera vez, la agricultura regenerativa en la península ibérica cuenta con un marco consensuado entre ciencia y campesinado y con datos comparativos sólidos. En un mercado donde la sostenibilidad se ha convertido en reclamo, la iniciativa busca algo más que una etiqueta: aspira a blindar el término frente a usos oportunistas y a ofrecer garantías tanto a productores como a consumidores. El mensaje es claro: no basta con invocar la regeneración. Hay que demostrarla en el suelo, en los alimentos y en la comunidad que los produce.














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