Efecto Trump: Stamer despliega portaaviones en Ártico por seguridad de Groenlandia
En un movimiento estratégico de alto impacto, el primer ministro británico, Keir Starmer, anunció este sábado el despliegue de un grupo de combate liderado por el portaaviones “Príncipe de Gales” hacia el Ártico y el Atlántico Norte. La misión tiene como objetivo principal garantizar la seguridad de Groenlandia, en un contexto de creciente incertidumbre sobre el rol de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump.
Desde la Conferencia de Seguridad de Múnich, Starmer presentó esta acción como una muestra de la renovada voluntad del Reino Unido de liderar la defensa continental. “No hay seguridad británica sin Europa”, afirmó el Mandatario, marcando un quiebre definitivo con la política de aislamiento del periodo post-Brexit y llamando a estrechar vínculos económicos y militares con la Unión Europea.
El despertar del “gigante dormido”
Starmer fue crítico con la actual fragmentación de las capacidades bélicas europeas, describiendo al continente como un “gigante dormido” cuya eficacia se ve mermada por una mala planificación industrial. Su propuesta busca integrar las adquisiciones de defensa y profundizar la relación con el mercado único europeo para consolidar un bloque capaz de disuadir amenazas externas sin depender exclusivamente de Washington.
El despliegue en Groenlandia no solo tiene una faceta militar, sino también simbólica, al reafirmar la soberanía territorial de los aliados en una región rica en recursos naturales y rutas comerciales que están siendo disputadas por otras potencias.
Fidelidad al Artículo 5 de la OTAN
El discurso de Starmer en Múnich sirvió además para ratificar el compromiso “irrenunciable” del Reino Unido con el Artículo 5 de la OTAN, el cual establece la defensa colectiva en caso de ataque a cualquier miembro de la alianza. Recordando el costo humano pagado en conflictos pasados como el de Afganistán, el primer ministro aseguró que su país acudirá en ayuda de cualquier aliado que lo solicite.
Esta postura busca dar tranquilidad a los socios europeos ante las dudas planteadas por el “Efecto Trump” sobre la vigencia del pacto trasatlántico. Con el “Príncipe de Gales” navegando hacia el norte, Londres envía una señal clara: el Reino Unido asume el costo de ser el guardián de la frontera ártica y el puente necesario entre la seguridad de las islas británicas y el resto del continente.
