Ministra Orellana reconoce impacto personal por caso Monsalve pero descarta parálisis operativa
A pocas semanas de concluir su periodo, la ministra de la Mujer y Equidad de Género, Antonia Orellana, en entrevista con radio Bío Bío, abordó las repercusiones del caso Monsalve, la denuncia por presunto abuso y violación que involucró al exsubsecretario del Interior. Orellana admitió que el episodio tuvo un costo directo en su imagen pública y percepción personal, aunque enfatizó que el funcionamiento institucional del Ministerio y del SernamEG se mantuvo inalterable.
“Esta fue más bien una crisis que me impactó a mí de manera personal, pero jamás impactó en que mantuviéramos el ritmo de atención y de expansión de centros”, recalcó la secretaria de Estado. Orellana defendió su postura de que una autoridad bajo investigación por delitos sexuales no puede permanecer al mando de las policías que deben indagarlo, subrayando que el debido proceso también debe garantizarse para las víctimas.
El fin del rol de Primera Dama
En la entrevista, la ministra también se refirió a la transformación de la figura de la Primera Dama, impulsada al inicio del gobierno por Irina Karamanos. Orellana explicó que el objetivo central fue profesionalizar la gestión de fundaciones críticas como Integra o Prodemu, sacándolas de un organigrama que dependía de un vínculo conyugal y no de competencias administrativas.
Respecto a las críticas sobre el manejo del “Gabinete Irina Karamanos”, la ministra fue escueta al señalar que cualquier error administrativo fue corregido mediante la revocación del decreto correspondiente. Para Orellana, el legado principal es que instituciones de gran envergadura ahora operan bajo estándares estatales de transparencia y no bajo una figura que, técnicamente, no existe en la estructura formal del Estado.
Reflexiones sobre violencia y política
Finalmente, la titular de la Mujer destacó que, pese a lo doloroso del caso Monsalve para el oficialismo, el hecho de que se haya procesado y denunciado es prueba de un avance cultural. Según su visión, hoy existen canales para denunciar la violencia de género dentro de la política que antes eran inexistentes o silenciados, lo que obliga a las instituciones a elevar sus estándares de respuesta ante crisis éticas y judiciales de esta magnitud.
