Sería sobre el año 2010 cuando, estando expuesto el Santísimo sobre la mesa del altar mayor de la Capilla del Dulce Nombre de Jesús, de la Hermandad de la Veracruz, entró en la misma un hombre de unos cuarenta y cinco años, cruzó la nave central y se dirigió directamente al altar de la Virgen de las Tristezas, situado en la nave del Evangelio. Permaneció delante de Ella un par de minutos, mirándola fijamente y, cuando terminó –no sé si de rezar o de, simplemente, mirar–, se dio la vuelta, volvió a cruzar esa nave central y salió a la calle. Aparentemente, pareció ajeno a lo que allí ocurría. Cuando finalizó la exposición, el que era entonces capellán de la...
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