Estamos a las puertas del tiempo de preparación para la penitencia. Es el momento del arrepentimiento, del examen de conciencia y la expiación de los pecados. Sobre todo, del propósito de enmienda. Recibiremos el miércoles la ceniza que nos recuerda nuestra vida volátil, que somos polvo y que así acabaremos; que las glorias mundanas, como pintó Valdés Leal, duran un abrir y cerrar de ojos. No es sólo calendario litúrgico; es catecismo civil. Es la advertencia barroca de que todo poder es efímero, de que el cetro y la mitra acaban a los pies de la muerte, de que la soberbia se acaba pagando. También Pedro Sánchez. Porque no hablamos esta vez de la Cuaresma que desemboca en la apertura...
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