Durante años, desde Europa se observó el caso Epstein como un fenómeno oscuro y perturbador, pero lejano. Se percibía como una historia de corrupción moral y abuso de poder fruto del ecosistema político, mediático y financiero de Estados Unidos. En resumen, como una trama horripilante que confirmaba prejuicios sobre los excesos de las élites norteamericanas y, muy particularmente, sobre la esfera trumpista . Sin embargo, sin que los hechos discutan ninguna de estas afirmaciones, las menciones a diplomáticos, empresarios, académicos y figuras políticas europeas que se suceden en los documentos publicados están causando un incómodo giro : Europa ya no puede contemplar el asunto como un drama ajeno, sino que comienza a hacer las veces de espejo. En Oslo ,...
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