Anda Madrid reconvirtiendo la M-30. Se entierra Ventas y al paso de todo van también las Piscinas Stella , que cambian por fin de dueño. Después de varios lustros abandonadas como se abandonan los viejos parques de atracciones, Stella volverá a tener inquilinos. El público será muy distinto, pues pasamos del destape de la Transición a la falda por debajo de la rodilla. Ya se sabe, el clero y sus cosas. Pero al menos son quienes han decidido, de una vez por todas, que la cosa vuelva a brillar. El edificio de las antiguas Piscinas Stella, en Arturo Soria, no tiene esa prisa. O, al menos, no la tenía. Se levantaba —y aún resiste— con esa elegancia callada de los...
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