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El Betis de Pellegrini se trajo tres puntos de oro desde Mallorca y sueña con la Champions

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El equipo del Ingeniero se impuso con mayor autoridad de la que refleja el marcador (1-2) y se acerca cada vez a Villarreal y Atlético de Madrid, que son los rivales a superar para saltar al cuarto puesto que significa Liga de Campeones

El Betis se atreve a pronunciar la palabra prohibida: Champions. Y lo hace con argumentos, no con arrebatos. La victoria en Palma de Mallorca, sumada a la lograda siete días antes frente al Atlético de Madrid y al triunfo previo en La Cartuja ante el Valencia CF, configura un nueve de nueve que ha reconfigurado el horizonte competitivo del conjunto verdiblanco.

Lo que hace apenas unas jornadas parecía una quimera —engancharse al vagón de la Liga de Campeones— hoy se presenta como una posibilidad tangible. Los goles de Abde y Bakambu en la primera mitad, que relativizaron el tanto posterior de Muriqi, sitúan a los heliopolitanos a cuatro puntos del tercer clasificado, el Villarreal CF (con un partido menos), y del cuarto, el Atlético. Con 42 puntos aún en disputa en una Liga voluble y emocional, la ambición deja de ser un exceso para convertirse en una obligación competitiva.

La coherencia ha sido el punto de partida. Manuel Pellegrini optó por la continuidad: repetir el once que había asaltado el Metropolitano implicaba sostener una identidad reconocible. En ese entramado volvió a integrarse Álvaro Fidalgo, perfil asociativo y vertical que encaja en un modelo donde la circulación interior y la agresividad en el último tercio son innegociables. Su primera irrupción encontró un pasillo y activó el mecanismo ya habitual: apertura a Antony, recorte hacia dentro y zurdazo. Leo Román respondió a medias; el rechace, mal resuelto por Maffeo, permitió a Abde ajustar una volea más técnica que potente para firmar el 0-1 (18’). La jugada sintetizó el nuevo Betis: amplitud, desequilibrio individual y determinación en el área.

Hasta ese momento, la puesta en escena había sido templada, incluso fría. El flanco izquierdo bermellón, con Mojica y el incisivo Jan Virgili, generó dudas puntuales en la zaga bética. Diego Llorente vio pronto la amarilla y transitó por el filo de la imprudencia en una acción posterior sobre Samu Costa. Sin embargo, el Mallorca concentró su amenaza en acciones aisladas: Mateo Joseph apenas incidía y el eje Darder–Samu Costa fue desactivado por el triángulo interior que articularon Marc Roca y Fidalgo, con Fornals unos metros por delante. Control posicional y solidaridad defensiva como antídotos ante un rival de recursos limitados.

Este Betis —una suerte de versión 6.0 bajo el mando de Pellegrini— ha acelerado su metabolismo. Es más directo, más vertical, menos contemplativo. Antony y Abde simbolizan esa mutación. Si el marroquí abrió el marcador y desperdició una transición posterior, el brasileño interpretó con lucidez cuándo asistir: su aceleración en pocos metros habilitó a Bakambu para el 0-2, expresión de un equipo que penaliza cada desajuste.

La reacción de Jagoba Arrasate fue pragmática: retiró piezas de escasa influencia y adelantó líneas para asumir riesgos. El paso al frente abrió escenarios de intercambio que favorecían las contras béticas, aunque también devolvieron protagonismo a Virgili y a un centro preciso de Darder que encontró el cabezazo certero de Muriqi a la escuadra (66’). El 1-2 no alteró la estructura emocional del Betis. La entrada de Ángel Ortiz reforzó el lateral y, desde ahí, se sucedieron ocasiones claras: Fornals exigió a Leo Román (76’); el portero y la defensa evitaron el doble intento de Antony y Fornals (79’); y Abde volvió a toparse con el pie salvador del guardameta (83’). Hubo indulgencia en la definición, pero firmeza en la contención.

En esa dualidad —capacidad para dañar y consistencia para resistir— se sostiene la candidatura europea. No es un impulso efímero, sino la consecuencia de una identidad consolidada y una inercia competitiva creciente. El Betis ya no mira la Champions como un espejismo romántico, sino como un objetivo estratégicamente plausible. Y en una Liga donde la estabilidad es un bien escaso, esa convicción puede marcar la diferencia.

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Ficha técnica

1 – RCD Mallorca: Leo Román; Maffeo, David López, Valjent, Mojica (Lato, m.82); Mascarell (Morlanes, m.46), Samu (A. Sánchez, m.78), Mateo Joseph (Luvumbo, m.46), Darder (Torre, m.78), Virgili; Muriqi.

2 – Real Betis: Valles; Ruibal (Ortiz, m.67), Llorente (Bartra, m.46), Natan, Ricardo Rodríguez; Roca, Fidalgo (Altimira, m.67), Antony, Fornals, Abde; Bakambu (Deossa, m.89).

Goles: 0-1, m.17, Abde; 0-2, m.47, Bakambu; 1-2, m.66, Muriqi.

Árbitro: Isidro Díaz de Mera (castellano-manchego). Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores locales Samu Costa (m.21), Manu Morlanes (m.50), Vedat Muriqi (m.59) y Pablo Maffeo (m.61) y a los futbolistas visitantes Diego Llotente (m.16) y Álvaro Valles (m.55).

Incidencias: Encuentro correspondiente a la jornada 24 de LaLiga EA Sports entre RCD Mallorca y Real Betis en el Estadio Mallorca Son Moix ante 18.658 espectadores, unos mil de ellos béticos.

/Sol García Lineros. Fotos: El Diario de Sevilla. Video: ESPN















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