Corren rumores que aseguran el enorme peligro que supone para un diabético el comer hasta la más mínima cantidad de dulce. Es como si, a partir de su diagnóstico,
nunca más pudiesen disfrutar de alimentos azucarados. Sin embargo, estas leyendas no son del todo ciertas, y el endocrino
Víctor Bravo explica por qué.
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