Cumbre de Impacto de la IA en India: la paradoja entre democratización, poder en pocas manos y un impacto relegado a segundo plano
Esta semana comenzó en Nueva Delhi, capital de la India, la cuarta Cumbre de Impacto de la Inteligencia Artificial, un encuentro que marca un punto de inflexión en la discusión global sobre esta tecnología y que reabre debates en torno a los alcances de su desarrollo.
Liderada por el primer ministro indio, Narendra Modi, la cita ha reunido a una veintena de líderes mundiales, entre ellos el presidente francés Emmanuel Macron, el brasileño Lula da Silva, el jefe del gobierno español Pedro Sánchez, el canciller alemán Friedrich Merz, entre otros. También participaron los principales ejecutivos de las principales compañías tecnológicas, Sam Altman de OpenAI, Demis Hassabis de Google DeepMind, Jensen Huang de NVIDIA y Alexandr Wang de Scale AI, además del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, y un centenar de científicos, académicos y empresarios ligados al mundo de la inteligencia artificial.
Foto oficial de la Cumbre de impacto de la IA celebrada del 16 al 20 de febrero del 2026 en Nueva Delhi, India. Vía X@narendramodi
La cumbre se distingue de las anteriores, celebradas en ciudades como Seúl o París, por ser la primera gran reunión global organizada en el Sur Global. Bajo el lema en sánscrito bienestar y felicidad para todos, India busca posicionarse como puente para democratizar la inteligencia artificial y evitar que sus beneficios queden concentrados exclusivamente en las potencias tecnológicas.
Modi fue enfático al expresar que la inteligencia artificial no debe convertir a los seres humanos en simples datos ni en materia prima de algoritmos. Debe transformarse en una herramienta de inclusión y empoderamiento, especialmente para los países del Sur Global. En esa línea, la agenda se estructuró en torno a siete ejes, llamados “Chakras”, que abordan desde la formación de capital humano y la gobernanza segura de la IA hasta la sostenibilidad ambiental, la innovación científica y el crecimiento económico con impacto social.
Durante su intervención, António Guterres llamó a crear un fondo global de tres mil millones de dólares para garantizar el acceso universal a la inteligencia artificial. Emmanuel Macron, por su parte, defendió la necesidad de reglas claras y salvaguardias, advirtiendo que la IA no puede quedar en manos de unas pocas corporaciones. Lula da Silva elevó la voz del Sur Global y habló de soberanía tecnológica, subrayando que los países en desarrollo no deben limitarse a consumir algoritmos diseñados en Silicon Valley. Pedro Sánchez enfatizó el impacto laboral y recordó que el progreso sin ética no es progreso, alertando que hasta la mitad de los empleos actuales podría verse afectada si no se gestiona la transición con responsabilidad social.
Cumbre de Impacto de la IA, celebrado en Nueva Delhi, India, foto del salón donde se celebra el evento principal y que reunió a importantes personalidades del ámbito y una veintena de líderes mundiales. Vía X@narendramodi
Más allá de los discursos y la polémica, India acompañó la narrativa con cifras concretas. El gobierno anunció un fondo de 1100 millones de dólares para startups de IA y manufactura avanzada, además de aspirar a captar 200 mil millones en inversiones tecnológicas en los próximos dos años. Empresas como Google y Microsoft ya han comprometido decenas de miles de millones para centros de datos, mientras Nvidia selló una alianza para crear la mayor fábrica de inteligencia artificial del país. India proyecta que la IA podría sumar 1500 millones de dólares a su economía.
Sin embargo, la cumbre también dejó al descubierto tensiones profunda. El Ceo de Open AI, Sam Altam y el de Anthropic, Dario Amodei, protagonizaron un momento incómodo al negarse a darse las manos en la foto de camaradería que tuvo lugar en la sesión del día de hoy, revelando la competencia detrás de la guerra por la IA.
Aunque se habló de democratización y regulación, el control de los grandes modelos de lenguaje sigue concentrado en un puñado de multimillonarios y corporaciones. La competencia geopolítica entre Estados Unidos y China por el dominio tecnológico atraviesa todas las conversaciones, mientras los debates éticos parecen quedar relegados frente a la carrera por el chip más potente y la expansión de infraestructura.
Imagen referencial de la responsabilidad de las empresas respecto al medio ambiente. Imagen generado con IA.
Uno de los temas menos visibles, pero más urgentes, fue el impacto ambiental. Se estima que cada decena de interacciones con una IA generativa puede consumir hasta medio litro de agua. Para 2026, el consumo anual de agua asociado a la IA podría alcanzar cifras alarmantes en un mundo ya afectado por el estrés hídrico. A esto se suma la demanda energética de los centros de datos, que en los próximos años podría equivaler a varias veces el consumo eléctrico de países completos. El ciclo acelerado de obsolescencia del hardware amenaza además con generar millones de toneladas de basura electrónica, muchas de las cuales terminan en vertederos del Sur Global.
En paralelo, emerge la preocupación por una posible burbuja financiera. A pesar del entusiasmo inversor, compañías como OpenAI enfrentan pérdidas multimillonarias y tasas históricas de quema de efectivo. La pregunta ya no es solo tecnológica, sino económica y ambiental: ¿Es sostenible este modelo?
En el plano laboral, mientras los ejecutivos prometen transformación y nuevas oportunidades, estudios recientes muestran que la IA está intensificando el trabajo más que reducirlo. Muchos profesionales afirman ser más rápidos, pero también tener más tareas y mayores exigencias. Parte del tiempo ahorrado se destina a corregir errores de los propios sistemas automatizados.
Así, el verdadero debate que deja esta cumbre no es si la inteligencia artificial tendrá impacto, sino quién asumirá los costos de la transición. Y la historia reciente sugiere que, al igual que con el cambio climático, los efectos más duros podrían recaer sobre el Sur Global. Más allá de las fotografías y los anuncios millonarios, la clave estará en observar dónde se concentra el poder, el dinero y la soberanía tecnológica en los próximos años.
