Mientras las miradas se concentran esta semana en la reordenación de la colección de arte actual del Museo Reina Sofía, las 'periferias' y sus centros de arte se nos despipotan. Nuestra brújula nos dirige en primer lugar a Canarias, donde la chirigota montada en torno al CAAM en Gran Canaria es digna de estas fechas de carnaval. El sector está allí soliviantado porque, por segunda vez consecutiva, el cargo de director de la institución se ha renovado en la persona de Orlando Britto sin que se haya barajado la posibilidad de concurso público, optándose por la designación directa desde la Consejería de Cultura y la Presidencia del Cabildo de Gran Canaria. No se incumple la ley, porque su contrato habla de prórrogas indefinidas cada cinco años, pero eso puede garantizar su continuidad hasta que las ranas críen pelo. Pero quizás lo que ha causado más estupor es su programa expositivo para 2026, sobre todo porque si algo le achacan los agentes artísticos locales a este gestor es la «falta de coherencia curatorial». Que para noviembre irrumpa en sus salas Rossy de Palma bajo el comisariado de Simon Njami no ayuda mucho y sí dispara las acusaciones de supuesto amiguismo. Mientras, en Sevilla, la Junta intenta subsanar la salida 'por motivos personales' (siempre lo son: muy personales) del CAAC de Jimena Blázquez aplicando las buenas prácticas, sí, con un concurso internacional, pero para el que se dio diez días de plazo para presentar candidaturas. O se es Billy el Niño estudiando centros y preparando dossieres, o se tiene un modelo tipo que se manda al centro sevillano o al Museo del Botijo de Argentona sin ningún tipo de prejuicio, o, como teme el sector artístico en la capital hispalense por boca del IAC, alguien está jugando con las cartas marcadas y ya se tiene candidato. En ese caso, este sería, como explican una convocatoria-trampa, un traje a medida. Sea como sea, quien acabe nombrado ya está bajo el punto de mira.