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Cinco rutas en coche por pueblos blancos de Andalucía que deberías hacer una vez en la vida

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Abc.es 
Hay viajes que no necesitan grandes planes. Basta con un coche, algo de tiempo y ganas de desviarse cuando el paisaje lo pide. Los pueblos blancos de Andalucía encajan bien en esa forma de viajar: carreteras secundarias, distancias cortas y lugares donde siempre apetece parar un rato más de lo previsto. Porque si hay un color que define al paisaje andaluz , ese es el blanco. Aparece en las fachadas de los pueblos, reflejando la luz intensa del sur y contrastando con el verde de los campos y olivares. Ese blanco no es casual, forma parte de una tradición arquitectónica pensada para reflejar la luz y combatir el calor desde hace siglos. Y es que recorrer los pueblos blancos es, además, una forma muy auténtica de conocer el interior de Andalucía . Lejos del bullicio de las ciudades y de las playas más concurridas, estas rutas permiten ir sin prisas, atravesando carreteras secundarias, miradores naturales y pueblos que han mantenido su identidad histórica. La Ruta de los Pueblos Blancos se extiende principalmente por Cádiz y Málaga y se puede recorrer fácilmente en coche durante varios días. Cada municipio tiene su propio carácter, pero todos transmiten la misma sensación de estar atravesando un territorio donde la historia sigue muy presente en la vida cotidiana. Desde ABC te proponemos cinco rutas con las que puedes conocer estos pueblos de Andalucía de manera fácil y sin prisas: Te proponemos comenzar esta ruta en Arcos de la Frontera , considerado uno de los pueblos más representativos de la sierra gaditana. El casco antiguo se alza sobre un peñón junto al río Guadalete, y eso marca completamente la visita: calles estrechas, pendientes constantes y miradores que aparecen casi sin buscarlos. Paseando por el centro histórico podrás encontrar iglesias, palacios y casas señoriales que recuerdan la importancia estratégica que tuvo durante siglos. Desde allí la carretera continúa hacia Bornos , un lugar mucho más tranquilo, situado junto a un embalse que cambia totalmente el paisaje. Es una visita más tranquila. El jardín renacentista del Palacio de los Ribera y el paseo junto al agua invitan más a caminar sin rumbo que a seguir una lista de monumentos. A pocos kilómetros aparece Espera , un pueblo menos turístico pero muy auténtico. El castillo domina el pueblo desde lo alto y permite entender su pasado defensivo. Las calles son sencillas, sin apenas tiendas para los visitantes, lo que hace que la visita resulte especialmente interesante para ver cómo es un pueblo blanco fuera de los circuitos más conocidos. La ruta termina en Villamartín , donde destaca su castillo, construido sobre una colina y que conserva restos de su estructura defensiva original. La Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva, de estilo barroco, se encuentra en la plaza principal y es uno de los edificios más antiguos del pueblo. Al adentrarse en el parque natural, el paisaje cambia por completo. El Bosque suele ser el punto de inicio natural. Es un pueblo cómodo, llano y muy vinculado al senderismo gracias al río Majaceite. Muchas personas empiezan aquí una caminata corta antes de seguir la ruta en coche. La carretera asciende después hasta Grazalema , uno de los pueblos mejor conservados de toda Andalucía. El centro gira alrededor de su plaza principal, siempre animada, y las calles mantienen una uniformidad arquitectónica poco común. Además de pasear, aquí es habitual encontrar tiendas de productos locales y talleres vinculados a la histórica fabricación de mantas de lana. Siguiendo entre montañas aparece Zahara de la Sierra , probablemente uno de los pueblos más fotogénicos de la ruta. El castillo corona la cima mientras las casas blancas descienden hacia el embalse. Subir hasta la torre supone una pequeña caminata, pero permite entender la importancia estratégica del lugar durante la frontera medieval. Muy cerca está El Gastor , más discreto y menos concurrido. Aquí la experiencia es más local, con plazas pequeñas, bares familiares y vistas abiertas hacia el Tajo Algarín, una formación rocosa muy conocida entre senderistas y escaladores. Esta ruta conecta algunos de los pueblos con mayor personalidad propia. Olvera destaca desde lejos por la imagen de su iglesia y su castillo alineados sobre la colina. El casco antiguo conserva el trazado árabe y subir hasta la fortaleza permite entender cómo funcionaban estas localidades como puntos defensivos del antiguo Reino de Granada. A pocos minutos aparece Setenil de las Bodegas , completamente distinto a cualquier otro pueblo blanco. Aquí la roca forma parte directa de las viviendas. Calles enteras están cubiertas por grandes bloques naturales y muchos bares aprovechan esa estructura como techo. No se necesita demasiado tiempo para recorrerlo, pero sí merece la pena caminar sin prisa por las dos orillas del río y observar cómo se integra la arquitectura con el terreno. La ruta puede continuar hacia Torre Alháquime y Alcalá del Valle , localidades más tranquilas donde no hay tanto turismo y donde se aprecia mejor la vida rural de la sierra. Entrando en la zona más abrupta del parque natural aparece Ubrique , conocido por su industria marroquinera. Muchas fábricas y talleres trabajan para marcas internacionales, y aún es posible encontrar pequeñas tiendas donde ver productos hechos localmente. La carretera serpentea después hasta Benaocaz , un pequeño pueblo perfecto para pasear sin rumbo por sus calles y al que también se puede llegar andando desde Ubrique por una antigua calzada romana. Muy cerca se encuentra Villaluenga del Rosario , el municipio más pequeño de la provincia de Cádiz. Aquí destacan las vistas abiertas de montaña y la tradición quesera, especialmente el queso payoyo, muy presente en bares y ventas de la zona. La ruta en Málaga tiene como eje principal a Ronda , uno de los pueblos blancos más conocidos y visitados de Andalucía. Su Puente Nuevo sobre el Tajo de Ronda, con casi 100 metros de altura, es la postal más famosa, pero la ciudad tiene mucho más que ofrecer. Sus calles, plazas y antiguos palacios reflejan la herencia árabe y el paso de la Reconquista. Entre los edificios históricos destacan el Palacio de Mondragón, que alberga el museo municipal, y la Iglesia de Santa María la Mayor, construida sobre una antigua mezquita. Desde allí se puede continuar hacia pueblos más pequeños como Alpandeire y Benadalid , ambos tranquilos y rodeados de colinas, olivares y caminos rurales que recorren la Serranía. Más al este aparecen Casarabonela y Álora , que cuentan también con historia árabe y con vistas amplias del valle del Guadalhorce. La ruta puede terminar en Comares , situado sobre una cresta montañosa con miradores naturales en casi cada esquina, o continuar hasta Frigiliana y Casares , donde el blanco de las casas se mezcla con el paisaje mediterráneo, cerrando el recorrido con una sensación diferente a la de la sierra de Cádiz, pero mostrando igualmente cómo son los pueblos blancos de Andalucía.














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