El fin de semana es, para muchos alicantinos, el momento perfecto para cambiar el asfalto por la tierra y dejar que las prisas se conviertan en pasos tranquilos. Cuando se acercan esos dos días libres, apetece más que nunca salir a caminar, despejar la cabeza y redescubrir el paisaje que tenemos al lado de casa. Y si la ruta ofrece mar, montaña, miradores e historia sin necesidad de coger el coche durante una hora, el plan es perfecto.