Aunque queda aún un mes para poder hablar de tardes de sol y primavera como aquellas a la que cantaba el eterno rapsoda sevillano, la capital hispalense vivió este sábado un auténtico anticipo de la estación en la que alcanza la plenitud de su ser. El primero de Cuaresma supone siempre una eclosión de actos y cultos en buena parte de las hermandades de penitencia, y al éxito de los mismos contribuyó este año una meteorología óptima a la que los sevillanos ya nos habíamos desacostumbrado. Seis hermandades distintas, algunas de ellas con varios de sus titulares, pusieron una decena de imágenes en la calle en una tarde en la que acompañaron el cielo, las temperaturas y las ganas de cofradías. Prueba de ello fue Triana, donde la Estrella daba comienzo a su particular Cuaresma con el traslado del Señor de las Penas y la Virgen de la Estrella desde su capilla, que este año cumple cincuenta, hasta la parroquia de San Jacinto. No será esta la única vez que la corporación del Domingo de Ramos acuda allí, ya que la cofradía, para celebrar la mencionada efeméride, saldrá el Domingo de Ramos desde el antiguo convento dominico para recogerse en su capilla, tal y como ocurrió en 1976. Antes de todo eso, no obstante, queda una intensa Cuaresma para los cofrades de la Estrella, que rezaron el vía crucis por las calles de su barrio. Mientras discurrían por la calle San Jacinto aún con la luz de la tarde, desde las multitudes se escuchó una voz que dijo nítidamente: «Parece que ya es Domingo de Ramos» . Y era cierto: no hizo falta más música que la de la coral de la hermandad para ni más trabajaderas que los brazos de las andas de traslado para crear una algarabía que transportó a pequeños y mayores a esa anhelada Semana Santa que ya se atisba en el horizonte. La Virgen de la Estrella se encontraba radiantemente vestida por Leandro González, quien le ha devuelto el esplendor de la época de Garduño, con la corona de Jesús Domínguez y la saya blanca que recuperó el primitivo diseño juanmanuelino para las bodas de plata de la coronación. Cayó la noche y la dolorosa trianera brillaba con luz propia sin más lunares en su transitar por el corazón del viejo arrabal que los sonidos de la verbena que del colindante patio del colegio San Jacinto que se colaban cuando el cortejo de la Estrella penetraba en el atrio del templo pasadas las ocho y media. Se coló incluso alguna sevillana que refrendó el ímpetu de la primavera por adelantarse. Sin embargo, la primera imagen en ponerse en la calle en este intenso 'supersábado' de traslados y vía crucis fue la Virgen de los Dolores de los Servitas , que regaló una estampa insólita a plena luz del día. Por segundo año consecutivo, la corporación trasladó a la dolorosa y al Santísimo Cristo de la Providencia a San Marcos, un templo de mayor capacidad para sus cultos. Pese a que sólo duró media hora, el ambiente también recordaba por momentos al de marzo o abril: la luz, la temperatura y, especialmente, el paso por la plaza de Santa Isabel evocaban la jornada en la que la cofradía regresa por este enclave antes de culminar su estación de penitencia, aunque en esta ocasión todo ocurría bajo el sol de la tarde. Si el pasado año la dolorosa atribuida de Montes de Oca salió bajo palio, esta vez lo hizo sobre las andas de Montesión y portando la antigua cruz del paso. Otro de los epicentros de la jornada fue el Arenal, donde hasta tres cofradías distintas salieron a la calle. Una de ellas fue la Soledad de San Buenaventura, aunque no con la Virgen, tallada por Gabriel de Astorga hace 175 años, sino con el Cristo de la Salvación . El crucificado ofreció una imagen inusual al presidir su vía crucis por las calles de la feligresía en vertical, sobre las andas de la hermandad del Cerro en las que el día anterior había salido el Cristo del Desamparo y Abandono. Cerca de allí salió el Cristo de la Salud de la Carretería en su tradicional vía crucis. Caía la tarde cuando comenzaba el rezo en el interior de su capilla. En esta ocasión, discurrió por Pavía para desembocar en la capilla de las Aguas, buscar el Postigo y rodear la Catedral hasta regresar al Sagrario. Un recorrido que, lejos de restar solemnidad, ofreció estampas de enorme belleza y recogimiento, transitando por zonas declaradas patrimonio de la humanidad, como bien podría declararse esta cofradía decimonónica. Muchos valoran este culto precisamente por no ser muy masificado, sino de público más justo y ambiente íntimo. Todo se desarrolló con el tiempo y la medida exacta, sin excesos. Cortejo sencillo, ordenado, favoreciendo que todos pudieran participar del rezo. Impactante resultó el discurrir por el entorno de la Catedral: el crucificado transitó bajo la imponente silueta de la Giralda, ya sin las azucenas que fueron retiradas durante la mañana y recorrió las gradas bajas de la Catedral en una estampa de sobria elegancia, fiel al estilo de la Carretería. Una de los últimas salidas del día fue el traslado de la Piedad del Baratillo hasta la Catedral, donde este domingo se celebrará la función principal de la corporación del Miércoles Santo, cuyo espacio habitual para este culto, la iglesia de San Jorge de la Caridad, sigue en obras. El magnífico grupo escultórico de Fernández-Andes y Ortega Bru salió minutos antes de las nueve de la noche para recorrer enclaves emblemáticos como el Postigo del Aceite antes de entrar en la Seo. La hermandad pasó por la remozada capilla Real y visitó a la Virgen de los Reyes antes de terminar su traslado a eso de las diez y cuarto de la noche. A esa hora solamente quedaba en la calle Nuestro Padre Jesús de Nazaret, en el periférico barrio de Pino Montano , que culminó su vía crucis anual pasadas las diez y media entre el fervor de sus vecinos. También era noche cerrada cuando tuvo lugar uno de los acontecimientos de la Cuaresma en la provincia: el Vía Crucis del Aljarafe con la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Santiponce. El rezo de las estaciones, que siempre tiene lugar en el conjunto arqueológico de Itálica en la más completa oscuridad, volvió a estar solamente iluminado por los faroles de las andas y por los puntos de luz de las hermandades participantes en cada una de las catorce estaciones dispuestas a lo largo del anfiteatro romano . Una experiencia que por atemporal es eterna y que estremece a todos los cofrades de distintos puntos que llegan hasta Santiponce atraídos por la buena prensa que merecidamente tiene este culto presidido por una talla colosal como es la de José de Arce. Si el Aljarafe es cofrade por antonomasia, en el vía crucis de Itálica encuentra uno de los máximos exponentes de todo lo bueno que tiene que ofrecer esta comarca que se encuentra a sólo un paso de la capital hispalense.