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Февраль
2026

La caída de “El Mencho”, el CJNG sin un líder: La nueva era que se abre para el narco

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El domingo 22 de febrero ya es una fecha bisagra en la historia reciente del narcotráfico mexicano. Ese día, en un operativo coordinado por la Secretaría de la Defensa Nacional, con participación de fuerzas especiales del Ejército y la Guardia Nacional, fue abatido Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder y fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación, el CJNG, considerado durante años el grupo criminal más expansivo y violento del país.

El despliegue se realizó en una zona montañosa de Tapalpa, en el estado de Jalisco. Allí, tras un intercambio de disparos entre fuerzas federales y miembros del cártel, “El Mencho” resultó gravemente herido. Fue asegurado por los militares e intentaron trasladarlo de urgencia vía aérea hacia Ciudad de México para recibir atención médica y formalizar su detención. Sin embargo, falleció durante el trayecto debido a la gravedad de las heridas. En el mismo operativo también fueron abatidos o capturados otros mandos clave, Hugo Gonzalo Mendoza, alias “El Sapo”, jefe de plaza en Puerto Vallarta y considerado el cerebro militar de varias expansiones violentas; Audias Flores, “El Jardinero”, señalado como uno de los sucesores naturales con fuerte control territorial; y José Luis Gutiérrez Ochoa, “El Tolín”, yerno del líder, cuya detención corta una línea de sucesión familiar directa.

Diapositiva preparada por la Sectetaría de Defensa Nacional de México tras el operativo de captura del Narcotraficante “El Mencho”

Con esta caída, el CJNG —que tenía presencia en 27 de los 32 estados mexicanos, alrededor de 30 mil miembros activos y activos valorados en cerca de 50 mil millones de dólares— queda formalmente descabezado.

Pero el golpe no fue el final de la violencia, sino el inicio de una reacción inmediata. En cuestión de horas se registraron 252 narcobloqueos en 20 estados del país. Solo en Jalisco hubo más de 60 bloqueos; en Michoacán, especialmente en la zona de Tierra Caliente, se incendiaron vehículos y se levantaron barricadas; en Guanajuato se reportaron ataques a tiendas y enfrentamientos en al menos seis municipios.

El balance oficial entregado por la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó 61 fallecidos, entre ellos 26 integrantes de fuerzas de seguridad, un agente de fiscalía, una civil y más de 30 presuntos delincuentes vinculados al cártel. Además, se informó de 70 detenidos y del despeje total de los bloqueos. Las autoridades señalaron que el centro de mando continúa activo, aunque la circulación y la actividad comercial comienzan a normalizarse, con clases suspendidas en zonas críticas por precaución.

Desde el gobierno mexicano se subrayó que se trató de un operativo soberano, ejecutado por fuerzas nacionales. No obstante, se confirmó un intercambio de inteligencia con Estados Unidos, particularmente en materia de análisis de señales y rastreo satelital. Washington aportó tecnología e información complementaria, mientras que México puso las tropas en el terreno. No hubo participación directa de agentes estadounidenses en el enfrentamiento, según la versión oficial.

El contexto político internacional es imposible de ignorar. La administración de Donald Trump había intensificado la presión sobre México en los últimos meses, vinculando el combate al fentanilo y la seguridad fronteriza con el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC. Se había llegado incluso a amenazar con aranceles de hasta 15% si no se mostraban resultados contundentes contra los cárteles. En ese marco, la caída de “El Mencho” —uno de los principales objetivos de la DEA y del Departamento de Justicia— representa para el gobierno de Sheinbaum un doble mensaje, capacidad operativa interna y voluntad de cooperación sin aceptar una intervención militar extranjera.

Sheinbaum y Trump

Pero más allá del impacto político inmediato, lo verdaderamente relevante es lo que se abre a partir de ahora. El CJNG no era un cártel tradicional. Analistas lo definían como una “multinacional criminal” con un modelo de franquicia. No solo controlaba territorios en México, sino que articulaba redes logísticas y alianzas en América Latina, Europa, Asia y África. Su fortaleza no residía únicamente en la violencia, sino en la diversificación de negocios, rutas y socios.

En México, la ausencia de “El Mencho” deja un vacío de autoridad. Él era el mediador entre jefes regionales, quien resolvía disputas internas por rutas, puertos y plazas estratégicas. Sin esa figura, es probable que se desaten pugnas por el control de puntos clave como Manzanillo o Lázaro Cárdenas, fundamentales para el ingreso de precursores químicos de fentanilo desde Asia. La captura de “El Jardinero”, uno de los posibles sucesores, agrava la incertidumbre.

Este escenario abre una ventana de oportunidad para el Cártel de Sinaloa, especialmente para la facción conocida como “Los Chapitos”, que podría intentar recuperar posiciones perdidas y retomar control de puertos estratégicos. Lo que se anticipa es una etapa de “violencia competitiva”, donde distintos grupos buscan consolidar territorios y rutas.

La reconfiguración no se limita a México. En Ecuador y Colombia, el CJNG operaba mediante alianzas con bandas locales que facilitaban el envío de cocaína hacia el norte. Sin un mando central fuerte, estas alianzas pueden fragmentarse y derivar en guerras internas por el control de contratos y corredores logísticos. En Centroamérica, países como Guatemala, Honduras o Costa Rica, que funcionan como bodegas intermedias, podrían experimentar un aumento de autonomía de células locales, con mayor violencia al no existir una figura que medie disputas.

Miembros del cártel Jalisco Nueva Generación , exibiendo su poder de fuego. Vía X@gregy_mix

En África, el CJNG había establecido nodos estratégicos no solo para tránsito hacia Europa, sino también para producción de metanfetaminas y lavado de dinero a través de oro y diamantes. Pagos a grupos yihadistas armados en zonas del Sahel servían como protección de rutas. Si el flujo financiero se altera por disputas internas, esos equilibrios también pueden romperse, afectando conflictos locales.

Europa y Oceanía eran mercados altamente lucrativos. La alianza con la ‘Ndrangheta en Italia permitía inundar puertos europeos con cocaína y drogas sintéticas. En Australia, un kilo de cocaína multiplicaba su valor exponencialmente respecto a su costo en México. Esa red global no desaparece con la muerte de un líder; lo que cambia es quién la administra.

Y aquí surge el riesgo mayor, pasar de un esquema concentrado —un actor dominante que impone reglas— a un escenario fragmentado con múltiples células compitiendo. La experiencia histórica muestra que cuando cae un gran capo, el negocio no se extingue; se atomiza.

La llamada estrategia de “Kingpin”, centrada en eliminar líderes, ha tenido resultados limitados si no va acompañada de un desmantelamiento financiero profundo.

Con activos estimados en 50 mil millones de dólares, el CJNG construyó una estructura que trasciende a una sola persona. Si esos activos no son congelados, rastreados y desarticulados, nuevas figuras pueden emerger, posiblemente más jóvenes, más tecnológicas y menos dispuestas a negociar.

Además, otros actores regionales observan el escenario. En Brasil, organizaciones como el Primer Comando de la Capital o el Comando Vermelho podrían aprovechar la fragmentación mexicana para negociar directamente con productores andinos y fortalecer su posición en el Atlántico. El resultado podría ser un mercado criminal más disperso y más inestable.

La muerte de “El Mencho” es un golpe simbólico y operativo de enorme magnitud. Representa un triunfo aparente para el gobierno mexicano en términos de seguridad, pero sobre todo un alivio en la relación con Washington. Pero también inaugura un período de reconfiguración del crimen organizado que puede ser igual o más violento que la etapa anterior.

La pregunta de fondo no es solo quién ocupará el lugar vacante, sino si la estrategia seguirá enfocada en cortar cabezas o si avanzará hacia el desmantelamiento estructural del poder económico que sostiene estas redes. Porque cuando cae un líder de esta magnitud, lo que está en juego no es solo el control de un cártel, sino el equilibrio de un mercado criminal global.















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