Pedro J. Cordero recupera la Cáceres de los años sesenta en su primera obra, ´El Pequeño Cernícalo´
Tras el nacimiento de su hermana, percibe un silencio nuevo en la casa y halla en las calles su refugio, donde la naturaleza urbana de entonces se despliega con abundancia: vencejos que cortan el aire, hormigas que trazan sendas invisibles y la pluma de un cernícalo, insólita y brillante, que lo impulsa a una búsqueda obstinada.
