Feijóo coge el mando de las negociaciones autonómicas para dejar sin coartada a Vox
Fue el miércoles de la semana pasada cuando Santiago Abascal mencionó el sintagma nominal: «Repetición electoral». Desde el principio, en la cúpula del Partido Popular han sido conscientes de que el líder de Vox profesa una gran inquina a María Guardiola y que su objetivo final no es otro que desestabilizarla y conducirla hasta un callejón sin salida que acabe con su carrera política.
Pero sus palabras, una confirmación a voz en grito de sus intenciones, causaron un resorte en la sede de Génova, 13.
El domingo, viendo que la cosa se ponía fea, Alberto Núñez Feijóo decidió llamar personalmente a su homólogo en Vox, como le contó anoche a Rafa Latorre en La Brújula, de Onda Cero. Los dos dirigentes, pues, acordaron crear un marco de negociación único para evitar una discriminación territorial que se base en las filias y fobias de Abascal.
«Necesitamos una relación fiable y una estabilidad duradera. No sabíamos muy bien que a qué atenernos, porque Vox un día dice que quiere gobernar, otro que no; dice que con un presidente sí se puede pactar, que con otro no. Ahora, habrá un marco heterogéneo». Una vez que Feijóo coge el mando, defienden en su entorno, no hay coartada posible. «Vox quería usar a Jorge (Azcón) para decir que con él sí es posible un acuerdo y con María, no».
Desde hoy, no habrá distintos actores en dos negociaciones distintas. Habrá una sola mesa que velará por el entendimiento en sendos territorios. Y, cuando toque, también en otras latitudes. Porque «luego», si se cumple la previsión de la demoscopia, «vendrá Alfonso Fernández Mañueco», al que Vox tampoco le tiene gran cariño.
Un equipo capitaneado por Miguel Tellado, número dos, y otras personas «de la máxima confianza» de Feijóo, se sentará en la mesa con los negociadores de Vox: Kiko Méndez-Monasterio, el hombre para todo de Abascal, y su lugarteniente, Montse Lluis. Además, claro, estarán los convidados de cada partido: los dirigentes territoriales. Que, según el PP, tendrán voz y voto.
El documento marco de Génova
Por lo pronto, ya hay un documento marco que fija unas prioridades comunes como «bases orientativas». El objetivo primero, reza el texto al que ha tenido acceso LA RAZÓN, es «garantizar la gobernabilidad con coherencia, proporcionalidad y estabilidad».
En sus siete páginas, vienen recogidas las líneas rojas: «Pleno respeto a la unidad nacional, al marco constitucional y al Estado de Derecho». Fuera de la «legalidad vigente» no cabe nada.
A partir de ahí, el PP recalca su respeto al «reparto competencial», rechaza sellar pactos que vayan en contra de los programas electorales con los que concurrieron sus cabezas de cartel, reclama «proporcionalidad» y aborda algunas líneas programáticas: «Reducir la burocracia que asfixia a autónomos y pequeños empresarios», defensa del sector primario con un veto expreso a las «políticas climáticas que destruyen el empleo», apuesta por la construcción de nuevas viviendas, pide luchar contra la okupación o contra la inmigración ilegal.
También habla de natalidad, y otras cuestiones. Unos cuantos guiños para meter en el redil a un Vox que, en el caso extremeño, estaba dispuesto a llevar su órdago hasta el final.
De ahí que, en el último punto, el PP pide a Vox un compromiso de «estabilidad institucional» que incluye la aprobación de todos los presupuestos de ahora en adelante. En ningún caso se mencionan los repartos de sillones que, según fuentes conocedoras, habían centrado la fútil negociación que emprendió Guardiola y de la que Feijóo estuvo al tanto desde el primer momento.
En realidad, se trata de un golpe que el presidente popular pega encima de la mesa y que cambia por completo la estrategia que ha seguido desde el principio con respecto a la relación de sus barones con Vox. Hasta ahora, cada uno se hacía cargo de sus acuerdos. Con la supervisión de Génova, sí. Pero con total libertad. Lo que permitía a Abascal establecer vetos políticos en función de sus intereses personales. Esta vez, la negociación asciende de igual a igual.
Para Ignacio Garriga, dos de Vox, se trata de un reseteo. Quizás por eso, dejó en el aire la posibilidad de entrar en los gobiernos. Primero, los contenidos. Luego, los sillones. Aunque en sus filas llevaban semanas diciendo que volver a gobernar era prioritario.
