Los secretos del 23-F que se podrían descubrir este martes con la desclasificación anunciada por el Gobierno
A la espera de que el Gobierno haga públicos los documentos del 23‑F, siguen abiertas varias incógnitas que llevan más de cuatro décadas alimentando interpretaciones, silencios y teorías.
Una de las más relevantes tiene que ver con el papel del rey Juan Carlos I, cuyas llamadas y conversaciones de aquel día continúan siendo secretas.
Su intervención televisada fue decisiva, pero aún no se conocen los detalles de los contactos que mantuvo con mandos militares ni el contenido de los intercambios que pudo tener con Alfonso Armada, su antiguo instructor y secretario general de la Casa del Rey, que aquella noche estuvo en el Congreso intentando convencer a Tejero.
También permanece sin aclarar la posible existencia de la llamada “Operación Armada”, un plan que, según diversas investigaciones, buscaba apartar a Adolfo Suárez y sustituirlo por un Gobierno de concentración encabezado por el propio general.
Su grado de implicación real y hasta qué punto intentó obtener el beneplácito del monarca son cuestiones que podrían quedar mejor definidas con la apertura de los archivos.
La desclasificación del 23‑F reabre las dudas sobre el papel del rey, la “Operación Armada” y el enigmático ‘elefante blanco’
Otra sombra que persiste es la del “elefante blanco”, la autoridad militar que los golpistas esperaban para asumir el mando del golpe y que nunca llegó a aparecer. Las especulaciones han apuntado a Armada, a Milans del Bosch e incluso al propio rey, pero ninguna versión ha podido confirmarse.
El papel de Sabino Fernández Campo, entonces secretario general de la Casa del Rey, también sigue rodeado de interpretaciones.
Su gestión de las comunicaciones en Zarzuela fue clave, y su célebre frase “ni está ni se le espera”, en referencia a Armada, continúa siendo objeto de análisis sobre lo que realmente ocurrió en aquellas horas críticas.
Tampoco se ha despejado del todo la posible existencia de una trama civil que apoyara el golpe. Solo un civil, Juan García Carrés, fue condenado, pero nunca se investigó a fondo si hubo más implicados fuera del ámbito militar.
Algunas conversaciones telefónicas, como la que Tejero mantuvo con él desde el Congreso, fueron grabadas, pero no todas han visto la luz.
Por último, persisten dudas sobre el papel del CESID, el entonces recién creado servicio de inteligencia. Su nivel de conocimiento previo sobre los preparativos del golpe y la actuación de algunos de sus mandos, como el comandante José Luis Cortina, finalmente absuelto, siguen siendo puntos oscuros.
La desclasificación podría no resolver todos estos interrogantes, pero sí aportar contexto y documentación que permita cerrar debates que llevan décadas abiertos.
Como recuerdan los investigadores, la mayor parte de la verdad del 23‑F ya se conoce, pero la opacidad ha permitido que los huecos se llenen con sospechas, silencios y versiones contradictorias.
