A espaldas de Casa Mediterráneo hay un Alicante distinto. Basta cruzar el perímetro del Parque del Mar a través de vallas rotas para que el paseo ordenado se convierta en vías abandonadas. Aquí, entre vías desgastadas por el tiempo, palés que hacen de paredes y puertas improvisadas que se cierran cada noche desde dentro, es el único espacio en el que un grupo de personas han encontrado un refugio.