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Marisol revela cómo perdió su nombre a los 10 años tras actuar ante Franco

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Marisol: la construcción de un mito en la España franquista

Marisol se convirtió en uno de los mayores fenómenos culturales del franquismo. Su irrupción en el cine a comienzos de los años sesenta coincidió con una etapa en la que el régimen buscaba proyectar una imagen moderna y amable de España. La niña rubia, sonriente y disciplinada encajaba a la perfección en ese relato.

El contexto político era determinante. Bajo la dictadura de Francisco Franco, jefe del Estado durante el régimen franquista, la cultura y el espectáculo estaban estrechamente vinculados a la propaganda institucional. La industria cinematográfica era una herramienta estratégica.

En ese escenario apareció una niña malagueña con talento precoz. Su nombre real era Pepa Flores González. Sin embargo, aquel nombre desaparecería pronto del foco público.

El viaje que cambió su identidad

La propia actriz relató años después el momento que marcó un antes y un después en su vida. Con apenas 10 años viajó a Madrid para actuar ante el Caudillo. Fue entonces cuando comenzó la transformación.

El productor Manuel Goyanes se fijó en ella tras verla en televisión. Poco después, sus padres firmaron un contrato. La niña fue trasladada a Madrid y comenzó un proceso de formación intensiva. No solo artística. También estética y personal.

Su nombre fue sustituido por uno nuevo: Marisol. El cambio no fue simbólico. Se convirtió en una marca comercial. Su imagen fue moldeada al detalle, desde el peinado hasta la forma de hablar.

Una infancia entre focos y adultos

Durante una década, la agenda de Marisol estuvo marcada por rodajes, entrevistas, compromisos oficiales y encuentros sociales. Su entorno cotidiano dejó de ser el de una niña para convertirse en el de una estrella.

Ella misma describió aquella etapa como un periodo en el que se vio obligada a adaptarse al mundo de los adultos. Las cenas con empresarios, productores y figuras influyentes formaban parte de su rutina. Mientras tanto, el público infantil la veía como un espejo idealizado.

La construcción del personaje fue total. Revistas juveniles publicaban cartas supuestamente respondidas por ella. Las películas reforzaban la imagen de niña perfecta, ingenua y disciplinada.

El uso político de Marisol durante el franquismo

El fenómeno Marisol no puede entenderse sin el contexto político. Su figura fue utilizada como símbolo de modernidad dentro de una dictadura que necesitaba referentes amables.

Expertos en historia cultural coinciden en que su imagen encarnaba la feminidad infantilizada que predominaba en la legislación y en la mentalidad de la época. La mujer aparecía subordinada legal y socialmente.

Marisol representaba esa visión idealizada. Una niña trabajadora, obediente, sonriente y agradecida. Un producto cultural alineado con los valores oficiales.

De icono del régimen a referente de ruptura

Con el paso de los años, la propia artista inició una transformación pública. A finales de los sesenta y durante los setenta, su imagen evolucionó hacia registros más maduros y comprometidos.

España también cambiaba. La transición política abrió nuevos espacios de expresión. Pepa Flores comenzó a distanciarse del personaje que la había hecho famosa.

Ese distanciamiento fue también ideológico. Se vinculó a posiciones políticas de izquierdas y reivindicó sus orígenes humildes. La ruptura con el pasado no fue solo estética, sino simbólica.

El documental que reabre el debate

En 2024 se estrenó el documental Marisol, llámame Pepa. La producción recupera testimonios y reflexiones sobre la explotación infantil, la construcción mediática y la pérdida de identidad.

El relato subraya cómo la industria moldeó a una niña hasta convertirla en icono. También expone la dimensión económica del fenómeno: contratos, giras, publicaciones y productos derivados que consolidaron un negocio alrededor de su figura.

El documental no cuenta con la participación directa de Pepa Flores, fiel a su decisión de mantenerse al margen del foco público. Sin embargo, incluye el testimonio de familiares y personas cercanas.

El retiro de Marisol y la recuperación de Pepa Flores

La retirada fue progresiva. En la década de los ochenta, Pepa Flores optó por abandonar la vida pública. Rechazó premios y apariciones mediáticas. Su decisión sorprendió a un país que había crecido con su imagen.

El abandono del personaje fue también una forma de recuperar su nombre. De dejar atrás la marca comercial para reivindicar su identidad original.

Durante años, su vida privada fue objeto de especulación y exposición mediática. Episodios que afectaron profundamente a su intimidad reforzaron su decisión de desaparecer del escenario público.

Una historia que refleja la evolución de España

La trayectoria de Marisol resume varias décadas de historia cultural española. Desde la instrumentalización propagandística hasta la emancipación personal.

Su infancia estuvo marcada por la disciplina, la sobreexposición y la construcción de un personaje diseñado por adultos. Su madurez estuvo definida por la ruptura, la conciencia política y la búsqueda de coherencia personal.

Hoy, el nombre de Marisol sigue siendo sinónimo de una época. Pero detrás de ese icono permanece Pepa Flores, la niña que un día viajó a Madrid y vio cómo su identidad quedaba sustituida por una marca que marcaría su vida para siempre.

La historia de Marisol no es solo la de una estrella infantil. Es también la de una mujer que, tras décadas de exposición, decidió recuperar su nombre y su silencio como acto definitivo de libertad.















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