«Puto sinvergüenza»: el «debate constructivo» según el Ampa del Santiago Apóstol
El envoltorio era zen, chupiguay, amable. No querían cambiar el nombre del Colegio Santiago Apóstol porque les diera urticaria cualquier cosa que suene a religioso o que pudiera dar a entender que a sus niños se les impartía una educación sesgada en un centro público. Olvídense. Los propósitos eran beatíficos, plurales e inclusivos. Que si llamarse 'da Almáciga' servía para «redignificar» el barrio y etimológicamente, de paso, revitalizar los usos toponímicos en gallego. Que si la marca quedaba más corta y se manejaba con mayor soltura. Que si el proyecto educativo permitía infinidad de iniciativas pedagógicas nuevas -ninguna de las cuales estaba impedida por la actual denominación- nunca antes vistas ni experimentadas. Pero, sobre todo, que nada de esto era...
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