Una hora antes del
Barça-Mallorca entré al estadio por la puerta 7, la más cercana a la portería del
Gol Nord desde
Tribuna. Se cumplían exactamente tres meses del día que los culés regresamos al Camp Nou, en el 4-0 al Athletic. Para observar la evolución de las obras, desde el 22 de noviembre al 22 de febrero, repetí el recorrido de ese día. La terrible chapuza de la primera grada, con los techos bajos y marcados para no darse con la cabeza, ya quedará para siempre. Tampoco hay solución, en la primera grada, al inexplicable hecho de haber convertido 26 puntos de acceso a los asientos en apenas 7 bocas que provocan colapsos terribles en el descanso y son un peligro en caso de evacuación. Los bomberos sabrán cómo dieron el visto bueno a tamaña ratera. Pero la sorpresa llegó al pasear por los pasillos de las bocas 300, las que dan a la parte alta de la segunda grada. De pronto, uno puede dar la vuelta al campo sin ningún control ni ningún cierre que sectorialice el estadio. Se puede andar desde el córner del
Gol Nord con
Tribuna, hasta el córner
Gol Nord con
Lateral, paseando por toda la U de Travessera y lateral sin ningún problema.
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