La Bóveda Global de Svalbard recibe por primera vez semillas de olivo
El Consejo Oleícola Internacional (COI) ha participado en el primer depósito de semillas de olivo en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (Noruega), la mayor instalación del mundo dedicada a la conservación a largo plazo de semillas agrícolas.
Aunque la delegación prevista no pudo desplazarse en su totalidad por las condiciones climáticas, Jaime Lillo, director ejecutivo del COI, y Kent Nnadozie, secretario del TIRFAA (FAO), lograron llegar a Svalbard y celebraron el jueves por la tarde un acto simbólico de entrega.
Se trata de un avance importante en la protección del patrimonio genético mundial del olivo porque esta especie emblemática de la cuenca mediterránea -que ya se cultiva en los cinco continentes- no es ajena a los grandes desafíos globales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la aparición de nuevas plagas y enfermedades. Preservar el olivo significa salvaguardar un cultivo milenario de enorme valor medioambiental -capaz de actuar como sumidero de carbono- y garantizar la producción del aceite más saludable del mundo, esencial para alimentar de manera sana y sostenible a una población global en constante crecimiento.
La iniciativa fue impulsada en el marco del proyecto europeo H2020 GEN4OLIVE y promovida posteriormente por el COI, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España (MAPA). Además han colaborado en este propuesta la Universidad de Córdoba (UCO), la Universidad de Granada (UGR), y el Centro de Recursos Fitogenéticos (CRF-INIA) del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), lo que pone de manifiesto que la conservación de variedades tradicionales y silvestres del olivo no es solo una acción de carácter científico, sino una apuesta conjunta por la resiliencia de los sistemas agrícolas y la seguridad alimentaria del futuro.
“Las semillas que hemos depositado son la herencia de agricultores que, a lo largo de la historia, eligieron los árboles más resistentes, los que ofrecían mejores frutos, o aquellos que se adaptaban a suelos, climas y condiciones diversas. Estas semillas son una garantía para que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando de un producto tan extraordinario como el aceite de oliva”, señaló Jaime Lillo, director ejecutivo del COI.
Para Kent Nnadozie, Secretario del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (TIRFAA), este depósito demuestra lo que es posible cuando los países, las instituciones de investigación y las organizaciones internacionales trabajan juntos para salvaguardar los cultivos que sustentan a la humanidad. “La protección de la diversidad agrícola exige un compromiso a largo plazo, y la inversión continua en el Tratado Internacional es esencial para garantizar que estos recursos irremplazables permanezcan
disponibles para las generaciones futuras”, comentó.
Para Luis Planas, Ministro de Agricultura de España, “en Svalbard, en el también conocido como arca de Noé de las semillas, entran, por primera vez, las semillas del olivo, uno de los grandes tesoros de nuestra agricultura. El olivo constituye un ejemplo milenario de sabiduría, conocimiento y adaptación. Las distintas poblaciones que se han sucedido en la cuenca mediterránea han ido heredando, de generación en generación, los mejores olivos. Además, esa transmisión de los recursos genéticos mejor adaptados ha ido acompañada de los conocimientos desarrollados para su cultivo, con una clara finalidad: cubrir las necesidades alimentarias de la población en cada
momento. El depósito de las semillas de olivo en el archipiélago noruego de Svalbard es la salvaguarda de este patrimonio fitogenético en favor de las generaciones venideras”.
El proceso ha requerido un trabajo científico riguroso que incluye la recolección de frutos, el procesado y secado de los endocarpos, la evaluación de la viabilidad germinativa y la conservación en condiciones controladas, siguiendo los protocolos internacionales establecidos para depósitos de este tipo.
Las semillas proceden de árboles de polinización libre de la colección del Banco de Germoplasma Mundial de Olivo de Córdoba (BGMO-UCO) -que alberga más de 700 variedades originarias de países miembros del COI, como Albania, Argelia, Chipre, Croacia, España, Francia, Grecia, Italia, Marruecos, Portugal, Siria, Túnez y Turquía- así como de semillas procedentes de ejemplares silvestres (acebuches) de distintas poblaciones naturales de la Península Ibérica y de las Islas Canarias recolectadas por la Universidad de Granada.
“La diversidad genética es lo que garantiza la continuidad de cualquier cultivo. Sin variabilidad genética no es posible desarrollar nuevas variedades capaces de adaptarse a los desafíos
actuales”, apunta Concepción Muñoz, profesora titular del Departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba. Añade que por eso es fundamental conservar también los parientes
silvestres del olivo, que a menudo “albergan genes de resistencia a enfermedades y a estreses abióticos -como la sequía o las altas temperaturas- poco representados en el material actualmente cultivado”.
Las semillas se separaron en tres lotes, uno disponibles para su utilización en la colección de BGMO-UCO y dos que se enviaron al Centro de Recursos Fitogenéticos, responsable de la
conservación a largo plazo en España. Aquí se hicieron los ensayos de germinación para confirmar la viabilidad germinativa y se gestionó el envío a Svalbard de las semillas, en sobres herméticos especiales etiquetados con información detallada, y con la documentación asociada. Un lote las muestras se conserva en España, en el CRF, en recipientes herméticos a -18ºC, en las mismas condiciones que en la Cúpula de Svalbard.
“Las copias de seguridad que conservamos nos permiten comprobar cada diez años el lote del material se mantiene en buen estado. Si con el paso de mucho tiempo, las semillas fueran perdiendo viabilidad, podríamos sustituirlo”, explica Luis Guasch, director del CRF. “En la cámara de seguridad del CRF se conservan en total unas 46.000 muestras de semillas, todas correctamente identificadas y trazables, lo que nos permite garantizar su seguimiento y conservación en condiciones óptimas”.
Finalmente, el material fue enviado por el CSIC a Svalbard donde estaba prevista la entrega el miércoles 25 por una delegación conformada por Jaime Lillo, director ejecutivo del COI, Juan
Antonio Polo, jefe de Tecnología del Aceite de Oliva y Medio Ambiente del COI; Pablo Morello, responsable del Banco de Germoplasma Mundial de Olivo de la Universidad de Córdoba y Hristofor Miho, investigador y gestor del proyecto GEN4OLIVE en la Universidad de Córdoba.
"Este primer depósito de semillas de olivo en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard marca un hito histórico para la conservación global de nuestros cultivos. Salvaguardar la diversidad del olivo brinda una red de seguridad esencial a productores, investigadores y a la industria oleícola mundial ante los crecientes desafíos de un futuro incierto. El Crop Trust felicita al COI por dar este paso decisivo en la conservación a largo plazo de los recursos genéticos de olivo," comentó Stefan Schmitz, Director Ejecutivo de Crop Trust.
Para Lene Krøl Andersen, directora ejecutiva de NordGen, “las aceitunas son importantes no solo por sus beneficios para la salud y por constituir una fuente vital de ingresos para los productores de toda la cuenca mediterránea, sino también porque representan un símbolo cultural profundamente arraigado, hasta el punto de que resulta difícil imaginar la vida sin ellas. Sin embargo, también estamos siendo testigos de la amenaza que el cambio climático, las plagas y las enfermedades suponen para las cosechas de olivo. Por ello, nos complace especialmente poder asegurar por primera vez semillas de olivo en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard con motivo de este depósito”.
