Hace más de dos décadas, en 2003, escribí un libro de entrevistas a víctimas de ETA cuyo título se convirtió en sinónimo del periodo más sanguinario de la banda: 'Los años de plomo' . En el prólogo, compendio de los recuerdos grabados en la memoria de tantas viudas y huérfanos como heridas en carne viva, denunciaba: «Aquellos fueron años tan densos como el silencio cómplice que cayó alrededor de los asesinados. Años de puertas cerradas y evasivas más o menos educadas, en los que una bandera española colocada sobre el féretro de un policía caído en el País Vasco daba lugar a que el sacerdote se negara a oficiar el funeral y el director general del Cuerpo cesara al intrépido...
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