El ataque a gran escala de Estados Unidos e Israel contra Irán ha puesto sobre la mesa la profunda soledad internacional de Teherán y la fragilidad de un régimen brutal que durante décadas ha sido una amenaza constante para sus ciudadanos, los intereses occidentales y la estabilidad de Oriente Próximo. La operación, iniciada con acciones dirigidas contra centros de mando y otras infraestructuras estratégicas, y continuada con golpes selectivos sobre capacidades de lanzamiento de misiles, provocó una reacción del régimen de los ayatolás no solo contra Israel, sino también contra Qatar, Baréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Arabia Saudí. Lejos de mostrar fortaleza, esta respuesta ha dejado a Irán en una posición de aislamiento, especialmente tras el claro alineamiento...
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