Sánchez se viene arriba ante el 15M
El PSOE está trabajando activamente para instalar en la opinión pública la percepción de que la contienda en Castilla y León está abierta. En una comunidad estructuralmente favorable al PP, si se da por descontada la victoria de la derecha es de esperar que la abstención en la izquierda crezca. Y si se pronostica un posible empate entre el PSOE y el PP, también es de esperar que se active el voto útil, o, al menos, eso es lo que Moncloa pretende. Como ocurrió en Extremadura y en Aragón, esta batalla electoral del 15M también se disputará en clave nacional.
La encuesta del CIS, que sorprendentemente pronosticó un empate técnico, es pura estrategia de partido, y está siendo acompañada de «filtraciones», a cargo de distintos portavoces socialistas, dirigidas a hacerla verosímil.
Castilla y León es un territorio de escaños ajustados y peso rural decisivo, donde el sistema DHont penaliza la fragmentación con especial dureza. Si el PSOE logra acercarse al PP, Sánchez intentará sostener (pese a las dificultades) el relato de resistencia e intentará también desmontar la narrativa dominante –producto de resultados en las urnas y sondeos– de que estamos ante un ciclo que sopla inevitablemente a favor de la derecha. Por eso, el resultado del próximo 15 de marzo tendrá un valor simbólico muy superior al territorial.
La «operación empate», esa tesis que empuja el entorno socialista sobre que la diferencia con el PP se ha reducido a márgenes mínimos (aunque el PP siga apareciendo por delante en los sondeos), tiene tres objetivos claros: movilizar el citado voto útil, forzar la concentración del espacio a la izquierda y desactivar la sensación de que no hay nada que se pueda hacer para evitar que la derecha se haga con gobiernos autonómicos y con el nacional.
Según los estrategas demoscópicos, la partida electoral del 15M no se decide en grandes mítines, sino en municipios pequeños, redes locales, asociaciones agrarias y ese tejido social más tradicional. Cada punto porcentual puede decidir escaños, y la presencia significativa de partidos regionales, como Unión del Pueblo Leonés, Por Ávila y Soria Ya, puede influir en los equilibrios provinciales.
El PP afronta estas elecciones bajo la presión del choque con Vox, buscado intencionadamente desde el partido de Santiago Abascal. El recuerdo de la gestión de Vox en la tierra no debería ser bueno por los resultados de aquella etapa de gobierno en coalición con el PP. y los incendios orgánicos de estas últimas semanas también deberían restar a los de Abascal, pero ya han demostrado su capacidad de sobreponerse electoralmente a crisis que serían de alto coste para los partidos tradicionales. Aunque alguna encuesta los está situando en un ligero retroceso, tampoco sería la primera vez que hay una disonancia entre el discurso demoscópico y mediático y sus resultados en el terreno.
El PP no gobierna Castilla y León solo por tradición ideológica, sino también por su fuerte estructura territorial. Una poderosa red municipal, diputaciones, control institucional y fuerte capilaridad en el mundo rural. Castilla y León es, por tanto, el escaparate de su modelo territorial clásico. Y también es un territorio que concentra debates sobre despoblación, agricultura, PAC, infraestructuras o financiación autonómica. Vox no tiene ese poder orgánico, pero sí se mueve con comodidad ante estos problemas estructurales, desde la libertad de ofrecer soluciones sin la carga del ejercicio de la gestión.
El análisis ha reducido el debate del pulso en la derecha a la discusión sobre cuánta será la dependencia del PP de Vox, pero el problema es mucho más profundo porque Vox no compite por escaños ni por poder territorial, sino por fijar agenda en el bloque conservador. Y en territorios rurales, como Castilla y León, tiene a su favor que el discurso identitario dispone de mayor margen para el arraigo emocional.
«Gobernar no es solo sumar». Esta frase, de un diputado de Castilla y León, coloca el acento en la parte más débil del actual marco de la derecha. Un Gobierno tensionado por exigencias identitarias constantes, que es de lo que vive Vox, pierde capacidad ejecutiva, y la gestión es especialmente sensible en territorios envejecidos y dispersos, como es el caso.
En el lado de la izquierda, el principal mérito que atribuyen al candidato del PSOE y alcalde de Soria, Carlos Martínez, es que va por libre y que se sale de la lógica del «sanchismo». A Moncloa le da igual este análisis porque no le dará autonomía en la campaña. El presidente del Gobierno no cederá espacio ni protagonismo como tampoco lo hizo en otras contiendas electorales
Mientras el PSOE infla sus expectativas, el PP opta, sin embargo, por la prudencia. No se creen las encuestas que apuntan que Vox muestras señales, por primera vez en este ciclo electoral, de una ligera tendencia a la baja, y la movilización de todos los recursos (nacionales y autonómicos) es un gesto que confirma que no dan nada por hecho en uno de sus más leales feudos territoriales.
