La transición política: Trump no encuentra a la «Delcy de Irán»
Con la eliminación este sábado del líder supremo y jefe de Estado iraní, el ayatolá Ali Jamenei, la República Islámica se enfrenta en estos momentos a una situación inédita aunque no imprevista. Desde hacía muchos meses el corazón del régimen –incluido el propio Jamenei– venía trabajando en una sucesión que, teniendo en cuenta la edad del clérigo asesinado –86 años–, estaba ya en el horizonte, y la posibilidad de una operación militar como la que a la postre se acabaría precipitando en la mañana de este sábado ganaba enteros en las últimas semanas dadas las amenazas de la Administración Trump y el fracaso de las negociaciones nucleares.
La desaparición abrupta del hombre que ha forjado los destinos de la teocracia chií –además del ministro de Defensa, Aziz Nasirzadeh; el asesor de seguridad del líder supremo y ex secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional Ali Shamkhani; y el jefe de la oficina militar del desaparecido ayatolá Mohammad Shirazi– obliga al régimen a reemplazar de manera acelerada a la cúspide.
El líder supremo debe ser un clérigo islámico varón –el sistema iraní se basa en la velayat-e faqih o tutela del Jurista Islámico, lo que restringe el cargo máximo a un jurista islámico instruido (faqih)–, con competencia política, autoridad moral y lealtad a la República Islámica. La Constitución ya no exige que el líder sea un gran ayatolá del más alto rango religioso, un requisito que se eliminó en el referéndum constitucional de 1989. Ello permitió que Jamenei, quien no tenía ese rango, fuera elegido y ascendido.
La primera gran pregunta que a esta hora se hacen los máximos responsables del sistema nacido en 1979 es si la elección de una figura capaz de cooperar con la Administración estadounidense en la inevitable nueva etapa abierta y en clara inferioridad militar, una suerte de «Delcy Rodríguez iraní», puede ser la única posibilidad de supervivencia.
La alternativa, una figura procedente de los sectores inmovilistas y reaccionarios, podría correr la misma suerte que Jamenei y el resto de altos mandos de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria y las fuerzas armadas en las últimas horas. De momento, el mando lo asume el –desde agosto– secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani.
No ha sido nombrado líder supremo, pero emerge como el «hombre fuerte» del momento. Larijani fue designado por Jamenei poco antes de morir para garantizar la continuidad de la teocracia y preservar la estructura de poder en caso de conflicto. Ha sido descrito como el «sucesor de facto» del ayatolá en términos de gestión política y militar y ha dado pruebas de tener capacidad para mediar entre las distintas facciones del poder, pero se enfrenta con el escollo insalvable de no ser un clérigo de alto rango. En la mañana de ayer, Larijani publicaba un mensaje en X en el que avisaba de que su país golpearía a Estados Unidos e Israel «con una fuerza que nunca han experimentado antes».
Tras la muerte de Jamenei y con arreglo al Artículo 111 de la Constitución iraní, se ha formado un Consejo de Liderazgo Provisional anunciado por el propio Ali Larijani mientras se elige al sucesor definitivo del líder supremo. El citado Consejo lo integran el presidente iraní Masud Pezeshkian, quien [[LINK:INTERNO|||Article|||69a44ece9a39b0e44b42994a|||ayer aseveraba que la eliminación de Jamenei es una «declaración de guerra contra los musulmanes» ]]y que vengar su muerte es «un derecho y un deber legítimo», el jefe del Poder Judicial Gholam Hossein Mohseni-Eje’i y el jefe del Consejo de Guardianes Alireza Arafi.
En entrevista con la cadena catarí Al Jazeera este domingo, el ministro de Exteriores Abbas Araqchi aseveraba que el sucesor de Jamenei será elegido «en uno o dos días». «Todo está en orden y en línea con nuestro sistema legal y con la Constitución», afirmaba el jefe de la diplomacia iraní. El cuerpo encargado de la elección del nuevo líder supremo es la conocida como Asamblea de Expertos, un organismo de carácter deliberativo formado por 88 clérigos islámicos.
Entre los nombres que parten con posibilidades teóricas de suceder a Jamenei se encuentran su hijo, Mojtaba Jamenei, también clérigo y con fuertes vínculos militares. También cuentan con papeletas el citado Alireza Arafi, pues cumple con los requisitos religiosos, y Sadegh Larijani, hermano de Ali y ex jefe de la judicatura que, a diferencia de este, reúne las credenciales religiosas necesarias para alcanzar la cúspide del sistema. Si Larijani puede acabar convirtiéndose en «el Delcy iraní» es en este momento una auténtica incógnita.
Más claro parece que, por ahora, Reza Pahlavi, el hijo del último sha de Irán, va camino de ser la María Corina Machado persa. A pesar de haberse postulado para pilotar la transición y su voz ha resonado con fuerza mientras los iraníes protagonizaban masivas propuestas a comienzos de este año, no hay indicios de que Trump tenga la intención inmediata de contar con él para este proceso.
