Durante la Guerra Fría era común la idea de que una hipotética tercera conflagración mundial empezaría en Oriente Medio. Entonces las dos potencias enfrentadas mantenían un cierto 'statu quo' en suelo europeo, se respetaban mutuamente la doctrina sobre sus respectivos patios traseros y China no era todavía un actor geoestratégico porque andaba ocupada en su desarrollo interno. De modo que era la tensión judeopalestina, incrementada desde que la revolución iraní triunfó e Israel se encontró frente a un Estado potente con capacidad de atacarlo en su propio suelo, el elemento principal del miedo a que el conflicto regional acabara generalizando un enfrentamiento bélico. Y ha vuelto a serlo ahora que Trump ha desencadenado, de la mano de Netanyhau, su tormenta...
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