La mayor corona dental del planeta acaba en la boca de un oso pardo de Alaska tras una cirugía en el zoo
Higiene dental - Especialistas en salud animal revisan mandíbulas de ejemplares alojados en parques zoológicos y centros de recuperación porque fracturas, infecciones o caries provocan dolor fuerte y complican que el animal pueda alimentarse con normalidad
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Los problemas en la boca no desaparecen solos cuando un ser vivo depende de dientes fuertes para comer, defenderse o sobrevivir. Por ese motivo muchos animales también reciben atención de dentista, incluso ejemplares salvajes que viven en zoológicos o centros de conservación.
Las fracturas, infecciones o caries pueden provocar dolor intenso y dificultar que un animal se alimente con normalidad. Cuando eso ocurre, veterinarios especializados intervienen con técnicas muy parecidas a las que se usan en personas, aunque adaptadas al tamaño y al comportamiento del paciente. Sedación, instrumental resistente y planificación detallada permiten revisar la boca de especies que en libertad jamás aceptarían una exploración.
Un gran plantígrado recibió una prótesis metálica gigantesca para proteger un colmillo dañado
Un oso pardo de Alaska llamado Tundra recibió en el Lake Superior Zoo de Minnesota la mayor corona dental veterinaria fabricada hasta ahora. Según la agencia Associated Press, el animal fue sedado para que una especialista colocara una pieza metálica que protege uno de sus colmillos dañados.
La intervención duró cerca de una hora y se realizó dentro del propio zoológico. El objetivo consistía en evitar que el diente siguiera deteriorándose y prevenir infecciones que pudieran afectar a su salud.
El problema del colmillo no era nuevo. En 2023 ese mismo diente había requerido una endodoncia después de fracturarse. Tiempo después el oso volvió a lesionarlo y el equipo decidió cubrirlo con una corona completa mucho más resistente.
La pieza se fabricó con una aleación de titanio preparada a partir de un molde de cera del diente original. La empresa Creature Crowns, ubicada en Post Falls en el estado de Idaho, elaboró la estructura que finalmente se fijó sobre el colmillo.
Grace Brown afirma que la prótesis colocada en el oso alcanza un tamaño nunca visto
La intervención estuvo a cargo de la dentista veterinaria Grace Brown, especialista acreditada en salud dental animal. Brown explicó a Associated Press que la pieza colocada en el oso no tiene precedentes por su tamaño. La profesional afirmó que “es la corona más grande que se ha fabricado en el mundo”. Además añadió que “tiene que publicarse”. Por ello, la experta prepara un artículo científico sobre el procedimiento que aparecerá en la revista Journal of Veterinary Dentistry.
El tamaño del paciente obligó a tomar precauciones adicionales. Tundra pesa alrededor de 360 kilogramos y, cuando se pone de pie sobre las patas traseras, alcanza unos 2,4 metros de altura. Ese volumen implica una fuerza enorme incluso cuando el animal está sedado.
Por esa razón un miembro del equipo armado de respuesta del zoológico permaneció dentro de la sala durante la operación. Según explicó la responsable de marketing del centro, Caroline Routley, el personal mantuvo un arma al alcance por si el oso despertaba antes de terminar el trabajo.
La vida de Tundra sigue con normalidad
Tundra vive en el zoológico de Duluth junto a su hermano Banks desde que ambos tenían apenas tres meses de vida. Los dos cachorros llegaron allí después de que su madre muriera. Hoy el oso tiene seis años y es uno de los animales más grandes del recinto.
Tras la operación dental volvió a su recinto y retomó su rutina normal. Come, duerme y se comporta como antes, mientras el nuevo recubrimiento metálico protege el colmillo. Routley comentó a Associated Press que “ahora tiene un pequeño brillo en su sonrisa”.
Los riesgos de trabajar con grandes depredadores obligan a planificar cada intervención con gran cuidado
Los veterinarios conocen bien los riesgos de trabajar con depredadores grandes. Lamentablemente, no todas las intervenciones terminan con tanta tranquilidad. En 2009 un veterinario del Henry Doorly Zoo and Aquarium de Omaha sufrió heridas graves en un brazo durante un examen médico rutinario a un tigre malayo de unos 90 kilos.
El animal empezaba a despertarse de la sedación cuando el médico rozó por accidente sus bigotes. Ese contacto provocó una mordida reflejo que atrapó el antebrazo del profesional.
Episodios como ese explican por qué cada intervención se planifica con protocolos de seguridad estrictos y equipos preparados para actuar en segundos.
