«Viaje al país de los blancos», una reflexión sobre la culpa y la superación desde el «yo inmigrante»
Cada año miles de africanos, en su mayoría menores de edad, emprenden rutas migratorias hacia Europa con la esperanza de encontrar una vida mejor pese a saber que no será un viaje fácil en el que, además de abandonar sus orígenes, también se expondrán a poner en riesgo sus vidas.
Detrás de cada uno de esos viajes –si se le puede llamar así– hay vidas marcadas por la pérdida, la esperanza y la idea de una sociedad que los recibirá con los brazos abiertos. La película «Viaje al país de los blancos» («Viatge al país dels blancs», título original en catalán), dirigida por Dani Sancho y basada en el libro autobiográfico del activista ghanés Ousman Umar, que se interpreta a si mismo en el filme, pone voz a una de esas historias con el objetivo último de «transmitir empatía» y «la esperanza y el amor inmedible que existe, aunque sea invisible, como única herramienta para humanizarnos a todos», explican Sancho y Umar en una entrevista a LA RAZÓN.
La película, que se presentó ayer en el Festival de Málaga y que se estrenará en cines el 26 de junio, muestra, no obstante, la violencia física, social, emocional e incluso sexual a la que estas personas quedan expuestas, niños en la mayor parte de los casos que muestran «una extrema vulnerabilidad», recuerda Umar, cuando llegan a España. «La primera vez que pisé Málaga fue esposado», explica en tono muy serio el activista ghanés, que revive una vez más ese momento, el primer lugar que pisó después del centro de Fuerteventura, ya en su camino hacía Barcelona. «Hoy estoy aquí contigo, presentando una película, subiéndome a los escenarios a ponerle voz a tantas personas y con el propósito de ayudar a los demás», señala, para decir a continuación que lo suyo «ha sido un conjunto de muchas suertes» que, tras un largo viaje –esta vez en el sentido personal– le ha hecho entender que «no he venido a este mundo a salvarme a mí, sino a compartir mi vida con otros y ayudar a que todos los niños que viven donde nací no sufran lo que yo he vivido». Quiere ser «positivo», pero no oculta que «este mundo me abandonó», motivo por el que muestra una «realidad» que «se tiene que conocer».
Esa historia, desde la infancia en Ghana, pasando por el viaje a ese «país idealizado de los blancos» y su andadura en Barcelona hasta que aparece Montse, interpretada por Emma Vilarasau, quien lo acoge en su familia y le abre la posibilidad de transformar su futuro, es lo que se cuenta en este filme que «no busca caer en triunfalismos ni en la miseria ni regodearse en el drama», apunta Sancho, para adelantar que «encontramos el ángulo correcto en el motor de cambio de Ousman, que no fue otro que el sentimiento de culpa del superviviente».
A partir de ahí se desarrolla una trama en la que es fácil empatizar con su historia y en la que hasta el final «no se muestra el viaje», ya que, asegura Sancho, «es una manera de no regodearnos en el sufrimiento y todos los peligros por los que pasó para entender cómo va haciendo su vida hasta que emerge el dolor». Después, sigue Umar, «consigo encontrar la paz conmigo mismo» y «el camino para sanarme», que no es otro que «ayudar a los demás».
Un viaje que no termina
El germen de la película se encuentra en una conversación en la que un amigo del director le cuenta la historia del ghanés hace diez años. En ese momento, en el que Umar todavía no era conocido públicamente y no había escrito su primer libro, se puso en contacto con él «a través de Facebook» –se ríen– y tuvo claro que tenía que contar su historia.
El proyecto empezó a tomar forma hace cinco años, momento en el que «viajamos a Ghana para grabar un teaser a modo de presentación», apunta Sancho. Allí ya habían seleccionado al actor que en la película hace de adolescente, Benjamin Kakraba, y el propio activista se adentró en el mundo del cine interpretándose a sí mismo. Este papel permitió a Umar «volver a mirar muy de cerca los ojos de aquel niño que fui y al sufrimiento, los miedos y la soledad que me han permitido perdonar al mundo que me abandonó», cuenta emocionado. En sus palabras, enfrentarse al cine fue su «gran terapia», algo que le ayudó a conocerse a través de un «ejercicio muy profundo de introspección».
Preguntado por si cree que la sociedad no responde al drama de la inmigración de forma responsable, Umar responde que «existe la bondad en el mundo» y que espera que esta película «ayude a llegar a más corazones que solo tienen que superar sus miedos». Entre Ghana y Barcelona, la cinta propone un viaje que no termina del todo y que invita a reflexionar sobre todo lo que dejan atrás los inmigrantes atraídos por la idea de llegar a un país ideal.
Nueve países a pie en cuatro años y dos pateras
La película, producida por Atresmedia Cine y basada en el libro autobiográfico del propio Ousman Umar, recoge el viaje real que marcó su vida y que más tarde relató en sus obras. Recorrió durante cuatro años nueve países a pie, se montó en dos pateras, arriesgó su vida y se encontró con la indiferencia cuando llegó a España. Su primera obra «Viaje al país de los blancos» se publicó en 2019. Hoy, convertido en activista y fundador de la ONG Nasco Feeding Minds, trabaja para ofrecer oportunidades educativas a jóvenes en Ghana y evitar que otros niños tengan que emprender un camino tan duro como el que él recorrió.
