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Ellas al Volante... Saira Vilchis: planificar ciudades desde la experiencia de las mujeres

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En el debate sobre movilidad urbana en México, cada vez es más claro que las ciudades no se mueven igual para todos. Las mujeres enfrentan trayectos, riesgos y decisiones cotidianas distintas al desplazarse por el espacio urbano. Para Saira Vilchis, especialista en Desarrollo Urbano y Movilidad en el Centro Mario Molina, esta realidad no es solo un tema académico: es una experiencia personal que marcó su vocación profesional.

De formación planificadora territorial, Vilchis descubrió desde la universidad que el transporte era mucho más que un sistema técnico: era la estructura que articula la vida urbana. “Siempre lo vi como la columna vertebral de las ciudades. Si esa columna falla, el funcionamiento del resto también se afecta”, explica.

Sin embargo, su interés por transformar la movilidad surgió también de su propia historia como usuaria del transporte público a los 11 años y marcó su perspectiva sobre el papel que puede jugar la planificación urbana para mejorar la vida de las mujeres.

“Desde entonces pensé que quería trabajar en algo que ayudara a que las mujeres no vivieran estas situaciones de inseguridad abordo del transporte”, afirma.

De la gestión pública a la investigación urbana

Su carrera profesional comenzó dentro del gobierno capitalino, cuando un profesor universitario que impartía la materia de transporte —y que entonces era jefe de asesores en la Secretaría de Transporte y Vialidad— la invitó a integrarse a su equipo.

Esa experiencia le permitió conocer desde dentro la complejidad de gestionar la movilidad en una metrópoli como la Ciudad de México. Posteriormente decidió continuar su formación con una maestría en urbanismo, lo que la llevó a incorporarse en 2013 al Centro Mario Molina, en el área de ciudades sostenibles.

Desde ahí ha trabajado en proyectos que vinculan movilidad, desarrollo urbano y agenda climática, siempre con un enfoque orientado a construir ciudades más habitables.

Entre los proyectos más destacados que ha impulsado están: Índice de ciudades sostenibles que incorpora datos específicos para evidenciar las diferencias en los patrones de movilidad, tiempos de viaje y participación de las mujeres; Radiografía de transporte público, que recopila datos desagregados para comprender mejor la movilidad; y participó en el diseño y desarrollo a través de la red “Women in Motion”, a la que pertenece, una herramienta de autoevaluación para medir la transversalización de la perspectiva de género que evalúa qué tan bien se está integrando la perspectiva de género en las empresas operadoras de transporte y en las instituciones que gestionan estos servicios.

En los últimos cinco años, además, ha impulsado de forma más decidida la incorporación de la perspectiva de género en los estudios y proyectos del instituto.

“Cada vez más mujeres especialistas estamos visibilizando algo que históricamente se ignoró: las ciudades se diseñaron pensando que todos nos movemos igual, pero la movilidad de las mujeres es distinta”, señala.

Viajes en “zigzag” y decisiones constantes

La diferencia no es menor. Mientras los viajes masculinos suelen ser más lineales —del hogar al trabajo y viceversa—, los trayectos de las mujeres tienden a ser más complejos.

“Muchas veces nuestros viajes son en zigzag”, explica Vilchis. “Tenemos que llevar a los hijos a la escuela, acompañar a una persona mayor al médico, hacer compras o ir al trabajo. Eso cambia totalmente la manera en que utilizamos la ciudad”.

Además, destaca que las mujeres suelen tomar decisiones adicionales antes de salir de casa: revisar rutas, horarios, iluminación en el trayecto o incluso la ropa que usan para evitar situaciones de riesgo.

Estas condiciones, afirma, obligan a replantear la planificación urbana si se busca construir ciudades verdaderamente inclusivas.

Los tres ejes para una movilidad más segura

A partir de su experiencia en investigación y políticas públicas, Vilchis identifica tres dimensiones clave para mejorar la seguridad y la movilidad de las mujeres en las ciudades.

1. Infraestructura urbana segura y accesible. La seguridad comienza desde el espacio público. Banquetas en buen estado, iluminación adecuada y accesibilidad universal son elementos básicos para garantizar trayectos seguros.

“Caminar también es un modo de transporte. Si las banquetas no son seguras o accesibles, desde ahí estamos limitando la movilidad”, explica.

2. Un transporte público planificado con perspectiva de género. El diseño del servicio debe considerar los patrones reales de movilidad de las mujeres: viajes más cortos, múltiples destinos y horarios diversos.

También implica mejorar la cobertura, la frecuencia de paso y la atención al acoso en el transporte. Medidas como vagones exclusivos o autobuses para mujeres pueden ayudar, pero son solo soluciones parciales.

“No podemos sentirnos seguras solo dentro de un vagón. La seguridad debe abarcar todo el trayecto”, subraya.

3. Instituciones que reconozcan y atiendan el problema. El tercer eje es institucional. Para Saira Vilchis, el acoso en el transporte debe ser reconocido como una problemática pública que requiere protocolos claros, capacitación y seguimiento de denuncias.

Asimismo, considera fundamental que más mujeres participen en los espacios de toma de decisiones dentro del sector movilidad. “No queremos cuotas simbólicas. Queremos que las mujeres que están en posiciones de liderazgo tengan la capacidad real de incidir en cómo se diseñan las ciudades”, apunta.

Datos que revelan el desafío

Estudios que ella ha dirigido, evidencian que en el transporte urbano se observa que la percepción de seguridad femenina disminuye conforme crece el tamaño de las ciudades.

“En urbes pequeñas, cerca del 45 por ciento de las usuarias afirma sentirse segura en el transporte público. Sin embargo, en las grandes zonas metropolitanas esa cifra puede caer hasta cerca de una cuarta parte”.

Paradójicamente, las ciudades más grandes suelen contar con mayor infraestructura y tecnología de seguridad, pero también evidencian que aún existen brechas importantes en el diseño y la operación de los sistemas.

Abrir camino para nuevas generaciones

Más allá de los diagnósticos técnicos, Saira Vilchis considera que el cambio también pasa por transformar la cultura del sector, históricamente dominado por hombres.

“Todavía es un espacio muy masculinizado y muchas veces te preguntan qué haces aquí”, comenta. Por ello insiste en la necesidad de que más mujeres se incorporen a disciplinas como la planificación urbana, la ingeniería del transporte o la gestión de movilidad.

Al final, ella afirma que el objetivo no es diseñar ciudades solo para mujeres, sino construir espacios urbanos que funcionen para todas las personas.

“Las que trabajamos en movilidad lo hacemos porque somos usuarias de la ciudad. Queremos ciudades más humanas, donde todas las personas puedan desplazarse con seguridad y dignidad”, puntualiza.















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