Pudo con el pentacampeón
Novak Djokovic en un titánico encuentro de dos horas y media. Pagó caro este esfuerzo, sus piernas y mente no actuaron a la misma velocidad que contra el serbio. Y necesitaba su mejor versión para hacer frente a un rival que había dispuesto de veinticuatro horas más de descanso y que se caracteriza por ser una pared de frontón, que devuelve todo.
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