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Europa tiene un arma que no dispara pero que puede parar la invasión de ejércitos enemigos: es un bien natural

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Las estrategias de defensa de los países suelen centrarse en armamento, tecnología militar o alianzas estratégicas. Sin embargo, en Europa empieza a abrirse paso una idea diferente, utilizar la naturaleza como elemento de defensa.

Este planteamiento ha ganado fuerza tras lo ocurrido en la guerra de Ucrania. Durante los primeros meses del conflicto, el valle del río Irpín fue inundado deliberadamente, lo que transformó tierras agrícolas en una gran marisma y dificultó el avance de las tropas rusas hacia Kiev. Ese episodio demostró que el terreno y los ecosistemas pueden tener también un valor estratégico en la defensa de un territorio.

La naturaleza como nueva herramienta de defensa

A partir de estas experiencias, algunos responsables europeos han comenzado a estudiar cómo los paisajes naturales pueden integrarse en las políticas de seguridad.

La Comisión Europea ha instado a los Estados miembros a restaurar ecosistemas en zonas fronterizas, especialmente aquellos que pueden actuar como barreras naturales. El objetivo no es solo reforzar la seguridad territorial, sino también mejorar la biodiversidad y la gestión del agua.

La comisaria europea de Medio Ambiente, Jessika Roswall, ha defendido públicamente esta idea. Según explica, determinados paisajes pueden dificultar las operaciones militares, ya que los terrenos inundados, los bosques densos o las llanuras aluviales complican el movimiento de vehículos pesados y de infraestructuras militares.

De esta forma, la naturaleza empieza a considerarse no solo un recurso ambiental, sino también un elemento estratégico dentro de la defensa europea.

Una nueva doctrina

La seguridad de un país no depende únicamente de su ejército. Las carreteras, el relieve, los ríos o los recursos naturales también influyen en la capacidad de defender un territorio.

Por eso, algunos responsables europeos quieren integrar estos factores en las estrategias de seguridad. La idea consiste en restaurar ciertos ecosistemas para que actúen como elementos disuasorios ante una posible invasión.

Este enfoque no sustituye a las infraestructuras militares tradicionales, pero sí añade una nueva capa de protección basada en el propio entorno natural.

El plan ambiental de la UE

Este planteamiento también está vinculado a una de las grandes iniciativas ambientales de la Unión Europea, la Ley de Restauración de la Naturaleza.

El Parlamento Europeo aprobó esta normativa el 27 de febrero de 2024, con el objetivo de recuperar al menos el 20% de las zonas terrestres y marinas de la Unión Europea antes de 2030 y restaurar todos los ecosistemas degradados para el año 2050.

La propuesta, presentada por la Comisión Europea en junio de 2022, responde a una preocupación creciente: alrededor del 80% de los hábitats naturales del continente se encuentran en mal estado.

Entre otras medidas, la ley prioriza la recuperación de espacios incluidos en la red Natura 2000, una red de áreas protegidas que busca conservar los ecosistemas más valiosos de Europa.

Más bosques para reforzar los ecosistemas

La restauración forestal es otro de los pilares de esta ley europea. Entre sus objetivos está reforzar la cubierta vegetal del continente para mejorar la salud de los ecosistemas.

Para ello, la Unión Europea prevé plantar 3.000 millones de árboles adicionales en los próximos años en los distintos países miembros.

Esta medida no solo contribuye a la lucha contra el cambio climático, sino que también ayuda a fortalecer los ecosistemas y a mejorar su capacidad para ofrecer servicios naturales como la regulación del agua, la conservación del suelo o la protección frente a fenómenos extremos.

Un nuevo papel para la naturaleza en Europa

La Unión Europea avanza así hacia un modelo en el que la protección del medio ambiente y la seguridad territorial están cada vez más conectadas.

Restaurar bosques, humedales o espacios verdes no solo mejora la biodiversidad o combate el cambio climático. También puede contribuir a crear territorios más resilientes y difíciles de atravesar en caso de conflicto.

Con el horizonte puesto en 2050, la estrategia europea reconoce cada vez más el valor de la naturaleza no solo para la sostenibilidad del planeta, sino también para la estabilidad y la seguridad del continente.















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