Funcas advierte de que la inflación superará el 4% en los próximos meses y no empezará a bajar hasta junio
El impacto de la crisis energética desatada por la guerra en Oriente Próximo empieza a concretarse. Y las previsiones que llegan no son demasiado halagüeñas para el bolsillo. Funcas, el centro de estudios de las antiguas cajas de ahorro, ha advertido este viernes de que la inflación podría llegar al 3,6% en marzo (después de registrar un 2,3% el mes pasado) e incluso superar el 4% en los próximos meses para empezar a moderarse solo a partir de junio.
En este escenario, los precios del consumo subirían de media un 3,6% en 2026. Estaríamos, por tanto, ante el dato de inflación más elevado desde 2022 cuando la invasión rusa de Ucrania, sumada a la inercia que ya acumulaban los precios tras el fin de las restricciones pandémicas, llevó el Índice de Precios de Consumo (IPC) hasta el 8,4%.
Así lo refleja el centro de estudios en una nota difundida este viernes tras conocerse los datos del IPC de febrero, que todavía no reflejan ningún impacto del conflicto. Funcas sostiene que, en un escenario en el que los precios del petróleo evolucionasen conforme a lo que esperan los mercados —un conflicto corto con caídas progresivas en los precios del crudo— la inflación no volverá a bajar del 3,4% en lo que resta de año.
Sin embargo, si el precio del barril de petróleo Brent se mantuviese en torno a los 100 dólares actuales lo que resta de 2026, los precios del consumo podrían llegar a subir un 4,3% en el conjunto del año, con picos puntuales superiores al 4,5%. Incluso en el escenario más benévolo, en el que el crudo vuelve a los niveles anteriores a la guerra a final de año, los precios del consumo se incrementarían un 3,2%, de media en 2026.
Además, los analistas de Funcas advierten de que el impacto de la guerra se suma a un «preocupante aumento de las presiones inflacionistas» que viene incluso de antes. En concreto, advierten sobre el precio de los alimentos no elaborados, que en febrero ya crecía al 6,5% y de los servicios, que registraban un incremento del 3,5%.
Con este telón de fondo, las esperanzas de que los trabajadores puedan seguir recuperando algo del poder adquisitivo que perdieron en la anterior crisis se desvanecen. Todo apunta a que ahora se abre un escenario en el que los asalariados y las empresas volverán a pugnar para no cargar el coste de una nueva crisis de precios. Los primeros, reclamando mayores subidas salariales que les permitan no devaluar su salario, y los segundos tratando de mantener márgenes de beneficio y sus costes contenidos.
Si las subidas en los precios se generalizan, podrían provocar un frenazo en el crecimiento de la economía, que ya venía perdiendo fuelle tras un periodo de notable expansión. Además, los efectos de una inflación más elevada pueden obligar al Banco Central Europeo (BCE) a subir los tipos de interés, arrastrando tras de sí a las hipotecas vinculadas al euríbor.
