¿Quién quiere la "Kiss-Cam" en el Mundial teniendo a Escocia?
Fenway Park es uno de los templos del deporte estadounidense. La casa de los Boston Red Sox, franquicia histórica de la MLB, es el estadio con más solera del béisbol norteamericano. Su aura es comparable a la del Madison Square Garden. Pues allí se presentaron miles de hinchas escoceses después de la victoria, 0-1, ante Haití, la quinta en sus nueve participaciones mundialistas. Los seguidores locales acostumbrados a la «Kiss-cam», ya saben la cámara de los besos que pilló en un concierto de Coldplay al CEO y a la responsable de Recursos Humanos de una tecnológica, y la «Look-alike-Cam», la de los «Parecidos Razonables», aseguran que en su vida se habían divertido tanto en un partido de béisbol.
La afición escocesa es, con permiso de los noruegos y sus clases de remo, la gran triunfadora después de la primera jornada del campeonato. Su lema de «No Scotland, no party», «Sin Escocia no hay fiesta», lo han justificado desde el inicio. Con gaitas y «kilts» incluidos. En Boston están encantados con la denominada «Tartan Army». En la jornada ante Haití se triplicó el consumo de cerveza de un día de San Patricio en la ciudad. Los 50.000 litros de cebada que se trajinaron los ingleses en Benidorm durante el partido ante Croacia son una broma. Y cuando sonó la «Flor de Escocia», su himno oficioso, en el Gillette Stadium, los medidores registraron 125 decibelios. Nunca un himno en una Copa del Mundo había sonado a ese volumen, justo en el umbral del dolor para el oído humano. En la pasada Eurocopa de Alemania cada partido de los escoceses era una sucursal festiva de Murrayfield o Hampden Park. Su versión del «Freed from desire», un temazo Eurodance de 1996 de la italiana Gala Rizzato, se convirtió en el himno oficioso de la competición.
Kenny Dalglish puede estar orgulloso de los sucesores de William Wallace. Eso sí luego jamás han superado la primera fase en el Mundial ni en la Eurocopa. Con su actitud eso en realidad es lo de menos. El nuevo sistema de competición parido por la FIFA tiene toda la pinta que va a prolongar la fiesta escocesa hasta los primeros días de julio. De Boston al chupinazo en Pamplona. Poco más de siete horas de vuelo.
