Todo sobre el "caso Pelicot" sueco: cómo Tomas Runsten prostituyó a su mujer con más de 100 hombres
Indignación y conmoción en Suecia tras conocerse la sentencia definitiva de uno de los casos de explotación más graves de su historia reciente. El juzgado de Ångermanland ha condenado Tomas Runsten, un hombre de 61 años, a cuatro años y cinco meses de prisión, por haber comercializado con el cuerpo de su mujer de manera continuada durante tres años.
Un macabro suceso que, por su gravedad, ha sido comparado con mediático caso de Gisèle Pelicot en Francia, cuyo esposo recibió una pena 20 años de cárcel por haberla ofrecido a medio centenar de personas para que fuera violada mientras estaba drogada entre 2011 y 2020.
En el caso sueco, el individuo -que lleva detenido desde octubre por una denuncia de la mujer, de la que actualmente se está divorciando-, ha sido declarado culpable de un delito de proxenetismo agravado, además de un cargo de intento de violación, seis casos de maltrato y seis de amenazas. Asimismo, el fallo le impone la obligación de indemnizar a la víctima con 200.000 coronas suecas (unos 18.370 euros).
Junto al cerebro del entramado, la justicia sueca ha procesado y condenado a otros 28 hombres por un delito de compra de servicios sexuales. Dos de estos clientes deberán cumplir penas de cárcel. La causa inicial llegó a salpicar a cerca de 120 sospechosos, pero la mayoría no fueron acusados formalmente debido a que este tipo de delitos prescribe pasados los dos años.
Antecedentes penales y la coartada del acusado
Durante el juicio, el hombre había negado las acusaciones y aseguró ante el juez que sólo había ayudado a su esposa a cumplir su deseo de ser una prostituta de lujo, desempeñando únicamente un rol administrativo.
De acuerdo con medios suecos, Runsten estuvo vinculado en el pasado a la banda de moteros "Ángeles del Infierno" y ha sido condenado con anterioridad por maltrato y coerción, entre otros delitos, por los que ya cumplió una pena de cárcel de cinco meses.
De hecho, las autoridades policiales ya le habían investigado hace dos años por abusos a su mujer, aunque el caso fue cerrado.
La cronología de la sumisión
Entre los años 2020 y 2024, Tomas Runsten ejerció un absoluto control psicológico y emocional sobre su esposa en el interior de la vivienda familiar. Durante ese periodo, recurrió al suministro forzado de alcohol y drogas con el único objetivo de anular por completo la capacidad de reacción de la víctima, para poder llevar a cabo la explotación de manera continuada.
La mujer detalló el infierno y las graves coacciones a las que estaba sometida: "Él tiene todos mis datos de acceso, mi identificación bancaria y todo lo demás; lo tiene todo, control absoluto. Me amenaza varias veces por semana con matarme, con hacerme sufrir, porque si no, me matará. Y me romperá los dedos o me rociará con gasolina y me prenderá fuego" declaró la víctima.
En el año 2024, el entramado se desplazó al plano digital. El condenado empezó a gestionar de forma sistemática citas con cientos de clientes a través de diversas aplicaciones de mensajería móvil. En esos chats, fijaba las tarifas económicas y las condiciones de los encuentros antes de enviar las instrucciones precisas a su mujer mediante capturas de pantalla.
La actividad delictiva terminó en 2025, cuando la policía sueca interceptó las comunicaciones y procedió al registro del domicilio. Fue en ese momento cuando los agentes informáticos descubrieron un sistema de grabación oculta y miles de archivos digitales que sirvieron como prueba irrefutable para la Fiscalía. Finalmente, el tribunal de distrito dictó el fallo judicial definitivo que ha encarcelado a Runsten a cuatro años y sentenciando de manera simultánea a 28 de los clientes que participaron en la red.
Las escalofriantes cifras de la explotación
Los datos técnicos recabados por los informes policiales reflejan la magnitud y la frialdad con la que operaba el condenado. El acusado llegó a pactar encuentros y prostituir a su mujer en al menos 300 ocasiones a los largo de tres años.
Para asegurar un control absoluto, Runsten diseñó un complejo sistema de 11 cámaras ocultas camufladas estratégicamente por toda la vivienda familiar, lo que le permitía monitorizar en tiempo real cada movimiento de la víctima.
El resultado de este espionaje doméstico quedó registrado en los discos duros incautados al agresor, donde las autoridades descubrieron un archivo audiovisual masivo de 19.635 vídeos que recogían de manera explícita los abusos sexuales sufridos por la mujer
