Desconocidos se convierten en guías desde la tierra mientras, en las alturas, un aventurado trata de descifrar el camino pared arriba. La escalada urbana, así lo cuentan quienes la practican, es abrirse paso por un muro irregular, pero también jugar desde unas alturas no poco intimidantes. Es deporte, concentración en la subida y evasión en lo demás, pero con una energía que se asemeja a la de los recreos de la infancia. Miles de madrileños parecen haberlo entendido y prueban suerte, la mayoría se quedan, en alguno de los rocódromos abiertos en la capital. En Sputnik, una de las empresas de escalada urbana más conocida en la capital, en el año 2025 registraron 881.385 accesos en sus cinco rocódromos en...
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