Padres sin hijos y sin justicia
El Perú celebra el Día del Padre, pero este no volverá a ser un día feliz para Javier Cubas, cuyo hijo, de tan solo 17 años, fue asesinado en la Comisaría de Manchay hace unos días. En una desgarradora entrevista que circula en redes, Javier cuenta que acudió a dicha comisaría a buscar a su hijo, a quien logró escuchar llorando y pidiéndole que lo rescatara.
Javier cuenta que un policía le pidió un pollo a la brasa y, luego de dárselo, le pidieron S/2.000, una cantidad que le resultaba imposible de reunir. Mientras tanto, su hijo moría, asustado y llorando, mientras era víctima de tortura. La indignación fue tal que su familia y vecinos llevaron su cuerpo en un ataúd blanco a la delegación policial y exigieron justicia.
Este domingo tampoco será de celebración para Roger Ruiz, el padre de Eduardo, más conocido como Truko, quien fue asesinado en octubre del 2025 durante las protestas en Lima y que, al día siguiente, en medio del inmenso dolor por su pérdida, tuvo que denunciar al congresista Fernando Rospigliosi, quien dijo que a Eduardo se le conocía como “terruco”. Cuando los periodistas lo corrigieron, Rospigliosi repitió el término. Ese insulto debió de haber sido terrible para Roger, quien fue miembro del Ejército Peruano y combatió el terrorismo.
El mismo congresista Rospigliosi ha presentado otro proyecto de ley que busca la impunidad, ya que cambia la definición de delito de función para militares y policías, de modo que la justicia ordinaria pierda competencia sobre hechos que pueden calificar como violaciones de derechos humanos. Si este proyecto se aprueba en el Congreso y el Ejecutivo no lo observa, la justicia para Javier y Roger se volverá imposible.
“Los pobres ya no tienen nada que perder”, se dijo recientemente. Sin embargo, estos padres perdieron a sus hijos, asesinados por el mismo Estado que debía protegerlos. Y no, no andan “buscando muertos”, como también se ha dicho con ligereza; están buscando justicia. Y, si esto no nos conmueve, somos nosotros quienes perdimos el alma.
