Silencio y murmullos, algún pitido, así acoge la numerosísima afición uruguaya a su seleccionador cuando el nombre de Bielsa suena en la megafonía del Hard Rock Stadium. Ya no le querían antes del Mundial. Esa indiferencia pública enmascara un malestar por las decisiones del técnico rosarino con el altavoz de los medios uruguayos, con los que no tiene sintonía. Dos empates, uno de ellos ante Cabo Verde, no ayudan a suavizar las cosas. Tiene dos estrellas de campeón del mundo
Uruguay, 1930 y 1950.
Luis Suárez sigue los partidos en el palco de honor. Araujo continúa lesionado. La defensa es un desastre. Pero todos queremos que nuestra selección gane el Mundial.
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