48 años del primer asesinato de un periodista por parte de de ETA
Han pasado ya 48 años del asesinato en Portugalete (Vizcaya) del periodista José María Portell, el primer profesional de la información con el que la banda terrorista inició una secuela de crímenes que no tenían otro fin, por más "explicaciones" que dieran los pistoleros, que ir contra la libertad de expresión. Le conocí meses antes de su asesinato y de que mi padre, también periodista, hubiera tenido que abandonar el País Vasco. Tenía la impresión, y así me lo comentó, que ETA no tení a los periodistas entre sus objetivos, aunque admitía el riesgoque corrían si escribían o informaban sobre la organización criminal. Entrar en el debate que intentaron los terroristas sobre unas gestiones que el entonces ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, le había encargado, por sus amplios conocimientos y contactos en el mundo etarra, es una trampa. Acabaron con su vida, precisamente, porque sabía mucho de ellos, de la estrategia equivocada que seguían, una persona incómoda en definitiva con un merecido prestigio y profesionalidad.
«Yo solo soy un periodista que es consciente de que ha de esforzarse por acercarse a la objetividad, a sabiendas de que la objetividad es ingrataa corto plazo». Las palabras de José María Portell Manso en su libro Euskadi: la amnistía arrancada (Dopesa, 1977) resultaron proféticas.Fueron escritas en julio de 1977, once meses antes de su asesinato, perpetrado el 28 de junio de 1978 a las puertas de su domicilio, en la localidad vizcaína de Portugalete (Con información de Vidas Rotas).
Nacido en Barakaldo el 7 de diciembre de 1933, José María Portell Manso estaba casado con la también periodista Carmen Torres Ripa,con quien tenía cinco hijos: Gabriel, de once años cuando se produjo el asesinato de su padre; Miriam, de nueve; Verónica, de ocho; Susana,de siete, y Jesús, de cuatro. Verónica y Miriam siguieron el ejemplo desus padres y se hicieron profesionales del periodismo.
José María Portell, primer periodista asesinado por ETA, era un profesional de reconocido prestigio: ejercía como redactor jefe en LaGaceta del Norte y compatibilizaba este trabajo con la dirección de La Hoja del Lunes, al tiempo que llevaba las corresponsalías de La Vanguardia, ABC y la agencia Associated Press. Había estudiado periodismo en las escuelas oficiales de Madrid y Barcelona y, tras terminar sus estudios, comenzó a trabajar en 1960 en el diario Hierro, de donde pasó a La Gaceta.
En una entrevista publicada en el diario Hierro cuando se produjo su nombramiento como director de La Hoja del Lunes, Portell declarabaque «la noticia que me gustaría dar es: “Por fin hay paz en Euskadi”». El periodista abogaba por la conciliación entre las diferentes tendencias políticas frente a la «beligerencia extremista» que denunciaba. En esa misma entrevista, José María Portell mostraba un gran conocimientode la realidad vasca:
"Hace unos días, en Bayona, el lehendakari Leizaola me afirmaba que la autonomía terminará con la violencia. Yo discrepo, porque también he escuchado lo contrario en otros ambientes de Bayona [en referencia al mundo de ETA]. Creo que la violencia solo terminará cuando los sectores del pueblo la repudien con convencimiento. Esto no es una tarea de la policía. ETA solo desaparecerá cuando el pueblo quiera que desaparezca".
Como periodista, era un gran conocedor del mundo de ETA, sobre el que había escrito dos libros: Euskadi: la amnistía arrancada (Dopesa, 1977) y Los hombres de ETA (Dopesa, 1974). La publicación de este último le había acarreado problemas con la censura. Con motivo de la presentación de su segundo libro, José María explicaba: "Me especialicé en el tema de ETA por razones morales y por casualidad, a sabiendas de que era un tema complejo, arriesgado y poco agradecido, ya que al estar ahora en una fase de «efervescencia y calor», la frialdad de la objetividad suele despertar controversias entre los beligerantes".
Enviado por su periódico, en 1970 había cubierto las sesiones del Consejo de Guerra de Burgos al que fueron sometidos varios miembros de ETA. Fue precisamente el conocimiento que tenía sobre la banda terrorista lo que hizo que el Ministerio del Interior, ocupado entonces por Martín Villa, lo eligiera para actuar como intermediario entre el Gobierno y ETA en 1977. Juan Félix Eriz, compañero de Portell en
estas gestiones, mantiene en su libro "Yo he sido mediador de ETA" (Arnao Ediciones, 1986) la tesis de que el asesinato se debió a una estratagema de personas relacionadas con los servicios de información que hicieron creer a la banda terrorista que el periodista estaba relacionado con algunos atentados cometidos en territorio francés contra miembros de la propia ETA.
ETA militar, sin embargo, al asumir el asesinato de Portell recurrió a una mezcla de razones, unas relacionadas con la actividad profesional de la víctima y otras con sus actividades como intermediario entre el Gobierno y el grupo terrorista. Por el contrario, ETA político-militar hizo pública otra declaración condenando el asesinato del periodista.
El atentado contra José María Portell se produjo a las 8:45 horas, cuando salía de su domicilio, situado en el inmueble número 58 de la avenida de Churruca. El periodista se dirigía a su trabajo y se subió en su vehículo, un Seat 124. Tres terroristas le estaban esperando a bordo de un coche de color rojo. Cuando vieron que el periodista se disponía a arrancar su vehículo, dos de los miembros de ETA se acercaron a él.
Uno se colocó a la altura de la ventanilla del conductor y el otro en la parte trasera y abrieron fuego con sendas pistolas. Algunos testigos escucharon dos secuencias, la primera de tres disparos y la segunda de dos, que dejaron mortalmente herido a Portell. El encargado de unas piscinas situadas junto al lugar del atentado fue una de las primeras personas en llegar al coche de José María Portell, quien se encontraba con la cabeza sobre el volante. El testigo llamó por su nombre al periodista, quien logró reincorporarse por un instante antes de caer hacia atrás ya sin vida. Un médico, vecino de la víctima, bajó rápidamente a la calle, pero solo pudo certificar que José María Portell había fallecido.
Carmen Torres, desde la vivienda familiar, escuchó los disparos efectuados contra José María: «He oído los tiros cuando me estaba peinando, terminando el café. Me he asomado al balcón y enseguida he visto que era él. He visto la puerta abierta y el claxon sonando. He bajado, todavía respiraba», según recogía una edición especial de La Hoja del Lunes el 29 de junio de 1978.
La viuda escribió una carta a su marido, publicada en El Correo el 1 de julio de 1978, en la cual le recordaba así:
"Tú nunca quisiste pertenecer a ningún partido político. Un periodista ha de ser libre [...]. Así has muerto: libre. No quiero, y tú tampoco quieres, que nadie politice tu muerte. Tú no eras un político, eras un periodista y los periodistas estamos al servicio de la verdad total. En política solo hay verdades parciales. Ayúdanos a todos a dar algún día aquella noticia que tú querías, a toda plana: hay paz en Euskadi.
Miles de personas acudieron al día siguiente del atentado a la parroquia de San José, en Barakaldo, para dar el último adiós al periodista asesinado y acompañar a su familia.
