Mikel Oyarzabal es muy grande, cada vez más. Su leyenda aumenta a cada paso que da en su carrera sin la necesidad, además, de hacer ruido, de querer ser el foco de atención y de cambiar de entorno y club. Es el capitán de la Real Sociedad y actualmente uno de los puntales indiscutibles de la ya finalista del Mundial. Los datos que rodean al eibartarra son cada vez más extraterrestres. El martes ayudó a España a batir a Francia marcando, con su habitual sangre fría y precisión, el 0-1 de penalti que allanaba el camino. Su quinto gol en el que es su primer Mundial (se perdió el de 2022 por lesión grave), y en el que se codea con
Mbappé (8),
Messi (8),
Haaland (7),
Kane (6) o
Bellingham (6). Casi nada. No se salió del guion ni volviendo a ser protagonista y estrella. “Nosotros, a lo nuestro. Ahora mismo, disfrutar de este momento, que para muchos de los que estamos aquí es un sueño vivir todo esto. Confiaba cien por cien en lo que iba a hacer y por suerte ha salido bien”, declaró. Disputó 74 minutos de puro trabajo con y sin balón, demostrando ser el más listo sobre el verde. Para los más detallistas queda su participación fundamental en el gol de Porro generando un espacio al sacar de zona al central con un pequeño y hábil movimiento. No paró de correr.
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