El caso de la Universidad de Sevilla seguramente terminará estudiándose en las facultades de Ciencias Económicas en unos años, en la propia y en las de la competencia. Cómo es posible aprobar unas cuentas con un agujero de 60 millones –casi el 10% del presupuesto del año pasado– por mayoría absolutísima de los presentes. Explica la rectora que no hacerlo sería perder la autonomía. Y hacerlo es perder el norte. Yo me pregunto ¿de qué autonomía habla cuando el presupuesto ya parte con una deuda del tamaño de un cráter lunar? Cualquier empresa habría ido a un concurso de acreedores de cabeza, ya sea voluntario o forzoso, pero el equipo de gobierno de la Hispalense cree que es una obligación...
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