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De la visita de Alfonso XIII al gran eclipse del siglo XXI, ocho rutas para descubrir Burgos

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Abc.es 
Ocurrió hace más de un siglo. En agosto de 1905, Burgos se convirtió en el epicentro de uno de los acontecimientos científicos más extraordinarios de su tiempo. Hasta la provincia llegaron Alfonso XIII, la Reina regente María Cristina y la Infanta María Teresa para contemplar un eclipse total de Sol que atrajo también a una comisión científica integrada por investigadores procedentes de más de sesenta países. Equipados con los instrumentos astronómicos más avanzados de la época, recorrieron tierras burgalesas, con parada en ciudades históricas como Lerma, antes de instalarse en la capital para presenciar un espectáculo que transformó el día en noche. Durante tres minutos y cuarenta y dos segundos el Sol desapareció, la ciudad quedó sumida en una oscuridad repentina y Burgos pasó a ocupar un lugar destacado en la historia de la astronomía. Más de un siglo después, la provincia vuelve a prepararse para vivir un acontecimiento que solo unas pocas generaciones tienen la oportunidad de contemplar. La franja de totalidad atravesará el territorio burgalés, convirtiéndolo en uno de los mejores lugares de España para observar cómo la Luna oculta completamente el disco solar. Durante el momento culminante del eclipse, el Sol se encontrará muy bajo sobre el horizonte occidental, apenas a unos ocho grados de altura, por lo que resultará imprescindible buscar emplazamientos elevados, abiertos hacia el oeste y libres de obstáculos para disfrutar plenamente del fenómeno bajo los amplios horizontes y los limpios cielos burgaleses En el territorio rural convergerán todas las miradas y supone una oportunidad única para que el medio rural castellano, tan silenciado, se convierta en el lugar más deseado para admirar un momento irrepetible. Como ocurrió en 1905, miles de personas volverán a levantar la vista hacia el cielo desde pueblos que durante el resto del año permanecen alejados de los grandes focos turísticos, pero que por unas horas se convertirán en privilegiados balcones al universo. Este año la provincia de Burgos, al igual que ha recreado dicho acontecimiento histórico el pasado mes de junio en Lerma y en la ciudad de Burgos para recordar aquel eclipse de 1905, ha seleccionado ocho rutas por algunos de sus mejores enclaves para situarse ante esos cielos privilegiados. Una propuesta que combina ciencia, paisaje, patrimonio y turismo rural, permitiendo descubrir algunos de los rincones más auténticos de la geografía burgalesa Para entender este fenómeno astronómico en el que la sombra de la Luna tapará completamente al Sol, y para el que la provincia de Burgos es un enclave excepcional por estar situada dentro de la franja de totalidad, conviene visitar el Centro Astronómico de Lodoso. Gestionado por la Asociación Astronómica de Burgos, el centro organiza observaciones públicas, actividades de astrofotografía, jornadas divulgativas y el seguimiento de los principales acontecimientos celestes, convirtiéndose en uno de los referentes del astroturismo en Castilla y León. El complejo dispone de tres observatorios astronómicos: Mizar, Alcor y Polaris, el primero de ellos dotado con una imponente cúpula que alberga un telescopio de gran calidad. Su certificación Starlight no solo avala las extraordinarias condiciones de observación del firmamento, sino que también reconoce el valor del cielo nocturno como patrimonio natural, científico y cultural, capaz de generar un turismo sostenible que encuentra en el medio rural uno de sus principales aliados. El curso medio del río Arlanza y sus roquedos calizos, algunos de los cuales llegaron a ser altares sagrados en la Edad del Hierro, envueltos ladera abajo de bosques de encinas, robles y sabinas albares, es uno de esos sitios donde se respira esa comunión de los primeros habitantes con los misterios del cielo que nos prepara para vivir intensamente el eclipse solar. Al sur, en plena comarca de la Ribera de Duero, a 840 metros de altitud, el pueblo de Moradillo de Roa emerge sobre un cerro señero horadado por bodegas a modo de cuevas. Junto a la iglesia de San Pedro, el eclipse estará a nuestro alcance, aparte del encanto del núcleo del siglo XI extendido a nuestros pies. Nos hallaremos en el mismo lugar que desde hace siglos lo han hecho los vecinos, junto a las bodegas que, en conjunto, crean un barrio de cuento. Después de la experiencia astronómica, catar los vinos blancos de la Ribera, hechos con la albillo mayor, la variedad de viña local capaz de madurar en una de las mayores altitudes de la provincia, puede ser probado en medio del encanto del lagar del tío Santos (año 1744) rehabilitado. No muy lejos, en la orilla sur del valle del Duero, se levanta la localidad de Haza. En la ladera del Pico de la Buitrera es otro magnífico observatorio natural situado a 940 metros de altitud con su recinto amurallado, que incorpora la iglesia gótica-románica de San Miguel con sus tablas hispanoflamencas, y la imponente Torre del Homenaje restaurada que pertenecía al castillo del conde de Miranda. Mientras esperamos el atardecer estaremos admirando el páramo de Corcos, una de las más desconocidas llanuras castellanas. Compartido por Burgos y Segovia, es un páramo infinito que abarca 10.000 hectáreas con antiguas corralizas y tenedas donde, entre cultivos cerealísticos, tomillos y aulagas, habitan alondras tan singulares como la ricotí. En la Sierra de Atapuerca la magia está lista desde tiempos arcaicos, baste con entrar en el santuario de la Galería del Sílex, enclave empleado durante 3.500 años desde el Neolítico como reflejan sus numerosos grabados donde no faltan las representaciones solares, reflejando la conciencia cósmica de nuestros ancestros. En contraste, mina Esperanza, ofrece un viaje a las entrañas de la Tierra. La minería ha formado parte de esta sierra desde el poblamiento neolítico y la explotación del hierro, en forma de mineral hematites extraído en esta explotación, nos permite recorrer las antiguas instalaciones rehabilitadas por la Junta Vecinal de Olmos de Atapuerca. Más de 200 metros de galerías visitables que culminan en un recorrido en barca por el nivel más profundo de la explotación convirtiéndola en la única mina navegable de España. En Ribera del Duero, el pueblo de Santa Cruz de Salceda, con su monte de la Cruz, ofrece un mirador excepcional para vivir el eclipse solar con toda su intensidad. Un consejo, la experiencia se sentirá aún más honda si antes recorremos su interactivo museo de los Aromas, un espacio expositivo único en Europa que reta a los sentidos con casi un centenar de fragancias que despiertan el olfato. Y es que, cuando la Luna cubra al Sol y el paisaje se tiña de un silencio y una penumbra irreales, comprenderemos que el eclipse no se mira solo con los ojos, se respira, se escucha y, como en este museo, también se huele.














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