Cuando empieza a clarear, con Melilla todavía medio dormida, en el centro de menores situado junto a la verja que separa la ciudad española de la marroquí Beni Enzar, algunos chicos ya están despiertos. Muchos llegaron a las instalaciones en las últimas horas, por lo que siguen en proceso de adaptación, asumiendo su nueva realidad, casi siempre buscada. Un goteo constante que choca con el discurso oficial de «plena colaboración y cooperación» con Marruecos. Son niños y adolescentes, entre los 4 y 18 años, que han llegado concretamente desde el inicio de la invasión en Ceuta. Aunque les cuesta hablar, entre otras cosas porque solo dominan el árabe, en conversación con ABC todos transmiten que llevan en la cabeza una...
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