'Chac, chac', el todoterreno avanza por la superficie de un glaciar aplastando su capa superficial como si fuera un mar de oblea blanca. Por la ladera de Langjökull -'glaciar largo'- bajan riachuelos de agua deshelada, caldeada por un sol infrecuente. Es mi último día en Islandia y lo más inhóspito queda para el final. «El 70% u 80% de Islandia es inhabitable», dice Logi, el guía que conduce. Es un bigardo con barba roja, gorra plana y zapatillas Jordan. Un vikingo infusionado con hip hop. No lamenta la dificultad para vivir en su tierra. La celebra. Por la ventana del vehículo, los urbanitas miramos con nerviosismo los 'molinos', agujeros formados en el glaciar por el deshielo. Logi los esquiva con...
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